martes, 13 de noviembre de 2012

Raccontos, humor negro, diálogos coherentes y creativos. Los recursos narrativos en “It” – Stephen King.

“Los monstruos son reales y los fantasmas también, viven dentro de nosotros y a veces ganan” Stephen king



En la escritura, los raccontos, juegos temporales, son para King una herramienta de gran utilidad para servirse en momentos en que  se pretende contextualizar una situación determinada. En “It”, el autor se sirve mucho de este recurso, tal como el primer ejemplo detallado a continuación, donde nos proporciona una panorámica integral de uno de los personajes centrales: quién es; quién fue cuando niño; cómo es; cómo se comporta… King lo escribe con gracia y elegancia… y asusta.
Hay siempre apelaciones a estados de ánimos. En el primer fragmento aquí reseñado, se apela a la vergüenza, la irritación, el acobardamiento.
En el segundo, aparecen otros temores, pero tratados con cierta ironía y humor negro.
En ambos casos, los diálogos son un recurso que “avanzan” la historia. Ganan en coherencia y concordancia, en tanto que el autor se sitúa muy bien la piel de cada personaje, y ese es otro punto destacable en cada novela de King. No hay personajes desperdiciados y cada uno de ellos es muy vívido:

Eddie Kaspbrak entró en el baño balanceando su bolso azul. Lo puso sobre le lavabo, abrió la cremallera y , con manos estremecidas, empezó a echarle botellas de medicamentos, frascos, tubos, pomos y rociadores.
-¿¿Eddie?- La voz sonaba desde la escalera.
-¿Qué estás haciendo?
Eddie no necesitaba consultar con un psiquiatra para saber que, en cierto sentido, se había casado con su madre, Myra Kaspbrak.
Eddie se puso el inhalador en la boca y, como un suicida, apretó el gatillo. Una nube horrible gusto a regaliz se abrió camino, hirviendo por su garganta. Eddie respiró profundamente. Sintió que se volvían a abrir canales ya casi cerrados. Se alivió la presión en su pecho. Y súbitamente, volvió a oír en su mente, voces espectrales:

-¿No recibió la nota que le envié?
-La recibí, señora Kaspbrak, pero…
-Bueno, por si no sabe leer entrenador, permítame que se lo diga personalmente. ¿Me escucha?
-Señora Kaspbrak…
-Muy bien. Aquí va con toda claridad ¿Listo? Mi Eddie no puede asistir a las clases de Educación Física. Repito: NO PUEDE ASISTIR a Educación Física. Eddie es muy delicad. Si corre o salta…
-Señora Kaspbrak, en los archivos de mi oficina tengo los resultados del último examen físico de Eddie. Según ellos, Eddie es algo pequeño para su edad, pero absolutamente normal en todo lo demás. Por eso llamé a su médico de cabecera, sólo para asegurarme, y él me confiormó…
-¿Me está tratando de mentirosa, entrenador Black? ¿Es eso lo que quiere decir? ¡Bueno auí lo tiene! ¡Aquí está Eddie a mi lado! ¿Oye cómo respira? ¿LO OYE?
-Lo oigo, señora Kaspbrak, pero…
-¿De veras? ¡Bien! ¡Pensé que era sordo! Parece un camión subiendo una cuesta en primera, ¿no?
-Mamá, no me…
-Calla, Eddie, no vuelvas a interrumpirme. Si eso no es asma, entrenador Black, yo soy la reina Isabel.
-Señora Kasprak, cuando Eddie asiste a las clases se lo ve feliz y contento. Le encantan los deportes y corre a bastante velocidad. En mi conversación con el doctor Baynes, surgió la palabra psicosomático…
-Mi hijo es muy delicado.
-Señora Kaspbrak, ell doctor Baynes no ha hallado nada en absoluto…


El recuerdo de aquel humillante enfrentamiento, su madre aullando ante el entrenador en el gimnasio de la escuela primaria, mientras él jadeaba y se ruborizaba a su lado, y los otros chicos se agrupaban en derredor para mirar, había vuelto a él esa noche, por primera vez en muchos años. Pero no era el único recuerdo que la llamada de Mike Hanlon le devolvería, sin duda. Sentía que muchos otros, igualmente malos o aun peores, se amontonaban y pujaban como compradores en rebajas. Pero pronto cedería el amontonamiento y entrarían todos. De eso estaba seguro ¿Y qué encontrarían  a la venta? ¿Su cordura? Tal vez a mitad de precio estropeada por el humo y el alcohol. Liquidamos todo.

 
Otro ejemplo:  Por los viejos tiempos :

El hombre tiene los ojos fijos en los suyos, pero no la ve. Nos e mueven. Están vidriosos. Son, sin duda, ojos de muerto.
La azafata se aparta de esa mirada horrible, su propio corazón le bombea en la garganta.
Entonces el hombre mueve los ojos, no mucho, pero lo suficiente para que ella comprenda: está vivo y la mira.
-¿Algún problema señor?
-Ninguno, todo bien
-El vuelo es un poco movido ¿verdad?
-Por mí no se preocupe. Estoy…- le dedica una sonrisa espantosa, una sonrisa que hace pensar en espantajos aleteando muertos en campos de otoño-. Estoy perfectamente.
-Se lo veía algo decaído.
-Estaba pensando en los viejos tiempos- dice él-. Esta noche acabo de darme cuenta de que existen cosas tales como los viejos tiempos, en lo que a mí respecta.




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