La película está presentada como un hecho verídico sucedido
en una casona antigua en medio del campo, en Harrisville (Rhode Island) en el
año 1971. Allí acuden los famosos parapsicólogos Ed y Lorraine Warren (Patrick
Wilson y Vera Farmiga), ante el pedido desesperado de una familia que necesita
su intervención.
El miedo se pega al espectador a la salida del cine: "como si hubiera pisado un chicle" tal como diría el protagonista del film, Ed Warren. Terror psicológico que sugestiona. Homenaje al cine de género de los años ´70 y ´80.
El miedo se pega al espectador a la salida del cine: "como si hubiera pisado un chicle" tal como diría el protagonista del film, Ed Warren. Terror psicológico que sugestiona. Homenaje al cine de género de los años ´70 y ´80.
El
largometraje le rinde culto al cine de género de los años ´70 y ´80, década de grandes emblemas del Terror. Cuadros
que se caen, objetos que vuelan, ruidos de golpes, olores nauseabundos, presencias
diabólicas, poderes extrasensoriales, una nena en apuros, son elementos que remiten a “Poltergeist” (Tobe Hooper –
1982) Se ponen de manifiesto alusiones sutiles a: “Terror en Amityville” (Stuart
Rosenberg-1979) en lo referente al escenario, el entorno donde se desarrollan
los acontecimientos. Hay unas escenas oscuras
y ciertamente aterradoras de escaleras, piano y pelota que se aproxima
rebotando a la protagonista, en las que "casi puede verse" a aquel fabuloso
George Scott, dándole vida a su personaje John Russell en “El intermediario del
diablo” (Peter Medak - 1980). Inclusive, en insinuación al mismo film, un sillón
hamaca será utilizado por los espíritus para intentar cobrarse una víctima. Un episodio retrotrae al espectador a “El exorcista” (William Friedkin –
1973) y algunas secuencias de una muñeca atroz, sugieren a “El maestro de las
marionetas” (Davis Schmoeller – 1989)
Abundan
los espejos como un juego que pretende establecer una doble realidad, la de lo
espiritual, lo desconocido, el más allá y el mundo real; cajitas musicales que
al abrirse deparan una tenebrosa sorpresa al espectador, a la vez que insinúan películas con bandas sonoras de estas características. Resumiendo, “El conjuro” es puro Terror
desde todo punto de vista. Funciona bien, no es mera copia de films
precedentes, porque está muy bien realizada y sólo los sugiere. Les rinde homenaje, porque se parece en su modo de narrar la historia y en la ambientación de época.
El matiz oscuro de la imagen, los sectores
de la casa que permanecen en penumbras, el misterio de lo que no se ve, todo contribuye a darle al film un
aspecto sombrío y macabro.
Existen
también apelaciones a recursos más modernos como el falso
documental. El director registra las escenas desde la de sus protagonistas,
cuando investigan la casa, por ejemplo. La misma película se presenta como un
caso verídico desde el principio, de concreto. Cuando aparece el título, dicho sea de paso: “El
conjuro” la tipografía de letra, el color amarillo, permite asociar inmediatamente
con “El exorcista”; “La profecía”; “Psicosis”. Desde ese momento, apenas el inicio, el film va a perseverar en homenajear y parecerse, y diferenciarse a la vez de grande obras anteriores.
Las
actuaciones son soberbias y ganan en realismo. Se destacan Patrick Wilson y Vera Farmiga en su
papel como los Warren, formando una pareja memorable para la historia del
género.
Se
ponen de manifiesto símbolos significantes que desde la
Parapsicología y estudios Holísticos se conceptualizan como transmisores de
malas energías, de fuerzas negativas, de fuerzas de bloqueo a la luz, de oscuridad,
o la presencia misma de demonios, en el caso de algunos "síntomas" como olores a podrido, olor a azufre, entre
los más comunes de detectar, y otros que parecen más de ambientación, de
escenografía, de mero relleno, pero que son igual de elocuentes: humedades de las paredes, amohosamiento, resquebrajaduras. La
humedad, de concreto, provoca incluso enfermedades respiratorias.
Las resquebrajaduras representan angustias, penares. Se destacan objetos del pasado que
todavía se conservan entre polvo y telarañas, sin haberse pulido nunca, ni restaurado: relojes, muebles antiguos, alhajas antiguas, cristales
deteriorados, objetos rotos, representan las energías, las fuerzas del pasado
habitando el lugar, haciéndolo propio.
Incluso durante el desarrollo de la película, en distintos momentos, se desarrolla todo un discurso acerca del valor o el peligro de determinados elementos, en especial si fueron poseídos o utilizados en algún tipo de ritual.
Incluso durante el desarrollo de la película, en distintos momentos, se desarrolla todo un discurso acerca del valor o el peligro de determinados elementos, en especial si fueron poseídos o utilizados en algún tipo de ritual.
Siempre la imagen, todo lo captado en el cuadro, está pensado para provocar algún efecto tenebroso, al menos en el inconsciente del espectador, si no, fijarse nada más en el poster del film, en la sombra ubicada con sutileza debajo de la soga de la horca sujetada la árbol.