-Flotan- croó la cosa -.Flotan- gruñó la cosa. –Flotan, Georgie. Y cuando estés aquí abajo, conmigo, tú también flotarás -.Aquí abajo todo flota….
“It” es una de las mayores obras de Stephen king y de la literatura contemporánea: "It" es una novela muy ambiciosa sobre la sensibilidad humana, las emociones y los temores: la infancia, la amistad, la amistad a través de los años, los fantasmas internos, esos que son los peores que existen y que tanto apasionan a King y que tanto drama causan, y de fantasmas externos. Una novela para no dormir... ¡y que asusta!!
Ya lo decía el propio King: “Los monstruos son reales y los fantasmas también, viven dentro de nosotros y a veces ganan”
King, ante todo, escribe sobre personas. Sus novelas son las historias de sus personajes y sus temores, sus miedos; descubre su lado humano a la perfección y dramatiza, los lleva al límite… luego materializa su terror y surgen los monstruos, emerge lo extraordinario.
Stephen King es capaz de tocar, primero, nuestras fibras emocionales más íntimas y luego, de pronto, aterrarnos en el terreno de lo sombrío, lo sobrenatural.
He aquí un ejemplo de ello: La construcción argumental del siguiente fragmento de “It”, el cual transcurre apenas en el Primer Capítulo, atrapa al lector como las garras del payaso que atrapa a Georgie sumergiéndolo en lo más profundo de las cloacas y ahogándolo. En nuestro caso, nos aprisiona en esta novela y no nos suelta hasta el final:
El terror, que no terminaría por otros veintiocho años, si es que alguna vez terminó, comenzó, hasta donde sé o puedo contar, con un barco de papel que flotaba a lo largo del arroyo de una calle anegada de lluvia. Ese año la tormenta había sido un segador implacable.
Un chiquillo de impermeable amarillo seguía alegremente al barco de papel. La lluvia no había cesado, pero al fin estaba amainando. Caía sobre la capucha del impermeable y a oídos del niño sonaba como lluvia sobre el tejado, un sonido reconfortante, casi acogedor. El niño se llamaba George Denbrough. Tenía seis años. William, su hermano, a quien los niños de la escuela primaria de Derry conocían como Bill el Tartaja, estaba en su casa recuperándose de una aguda gripe.
George tuvo que correr para seguirlo. El agua formaba láminas de lodo bajo sus botas. Sus hebillas sonaban como un jubiloso tintineo mientras George Denbrogh corría hacia su extraña muerte. Y el sentimiento que le colmaba en ese momento era, simplemente, amor hacia su hermano… amor y también cierta tristeza porque Bill no podía estar para ver aquello.
2
El piano reinició Para Elisa. Bill el Tartaja no olvidaría jamás esa pieza, y aún muchos años después no podría escucharla sin que se le pusiera la carne de gallina: el corazón le daba un vuelvo y recordaba: “Mi madre estaba tocando eso el día en que murió Georgie.”
Cuando estaba con George tartamudeaba poco, a veces nada en absoluto. En la escuela, en cambio, tartamudeaba tanto que hablar le resultaba imposible
En el cuarto de Bill:
-¡Ya!- exclamó Bill con el barco en la mano.
-¡Guauu!- exclamó Georgie -. Voy a salir para hacerlo navegar-
- Sí, ve- dijo Bill. De pronto parecía cansado. Cansado y no muy bien
-Gracias, Bill. Es un barco muy bonito.-
Y entonces hizo algo que no había hecho hacía largo tiempo, algo que Bill jamás olvidaría: Besó a su hermano en la mejilla.
- G-g-georgie… Ten cuidado.
- Descuida.- Frunció el entrecejo. Eso era algo que decían las madres, no los hermanos mayores. Resultaba tan extraño como haberle dado un beso a Bill.
Y salió. Bill jamás volvió a verlo.
3
Y allí estaba, persiguiendo su barco de papel. Corría deprisa, pero el agua le ganaba y el barquito estaba sacando ventaja. Colina abajo, el agua de la cuneta se precipitaba en una boca de tormenta que aún continuaba abierta. Mientras George miraba, una rama desgarrada se hundió en aquellas fauces. Y luego se deslizó hacia el interior. Hacia allí se encaminaba su barco.
-¡Mierda!- chilló horrorizado.
Forzó el paso y, por un momento, parecía que iba a alcanzarlo. Pero George resbaló y cayó despatarrado con un grito de dolor….(continúa el texto rumbo a un final anunciado, sólo que aquí comienza lo fantástico)…
Desde su nueva perspectiva vio a su barco desaparecer. Y había algo más. En la boca de tormenta había un payaso. Era un payaso, como en el circo o en la tele.
Si hubiera tenido diez años más, no habría creído en lo que estaba viendo, pero no tenía dieciséis años sino seis.-¿Quieres tu barquito, George?-
-Sí, claro- dijo George.
-¿Y un globo? Los tengo rojo, verde, amarillo, azules…
-¿Flotan?
-¿Qué si flotan?- la sonrisa del payaso se acentuó -.Oh, sí, claro que sí ¡Flotan!
Y entonces George vio como la cara del payaso se convertía en algo tan horripilante que lo peor que había imaginado sobre la cosa del sótano de su casa parecía un dulce sueño.
-Flotan- croó la cosa -.Flotan- gruñó la cosa. –Flotan, Georgie. Y cuando estés aquí abajo, conmigo, tú también flotarás -.Aquí abajo todo flota….

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