"La guarida de la nena mala" de Dolores Pereira Duarte.
Es una narración en primera persona, desde la perspectiva de Loli. Ella es el personaje central. Es la esposa de Martín. Ellos conforman la pareja que habitará la mansión.
La novela comienza, en su primer mitad, destacándose por su contenido dramático y de suspenso. Abundan hechos y situaciones inquietantes, siempre presentadas a modo de sugerencias o insinuaciones, que se desarrollan durante toda la segunda parte. Allí es donde se consolida como novela de terror.
A lo largo de los capítulos, la trama va tejiéndose como un drama más espeso, más denso; la tensión es más claustrofóbica; el misterio se acentúa, y lo paranormal predomina la esencia del relato, vertiginoso in crescendo, hasta llegar a un desenlace tan terrorífico como dramático; tan enfermizo como retorcido.
Primeramente, la novela es la historia de una joven pareja de recién casados, con diferencias de convivencia, con algunos problemas afectivos, económicos, de intolerancia hacia familiares y amigos de uno y otro lado... Es decir, primeramente, se presenta a la pareja con la premisa de que el: “se casaron y vivieron felices para siempre”, no se ajusta siempre a la realidad. Al menos no la de ellos.
Pág 11: “Esos asados mensuales de ex compañeros de colegio de Martín, mi marido, eran pequeños sacrificios a los que había cedido cuando lo conocí.”
A lo largo de la historia, Loli irá cediendo a otros sacrificios, ya no tan pequeños. Y cada vez más recurrentes.
Pág 20: “Martín aprovechó el incidente para cancelar el almuerzo con mi familia. Esas pajarracas chismosas, decía cuando se refería a mi mamá y mi hermana.”
Otro ejemplo de tensión de pareja en la novela, es el tema de discusión permanente a lo largo de la primera parte, en lo concerniente a si habitar la casona o no. Ellos están pasando por una situación económica delicada, y aquella posibilidad les resuelve el problema de vivienda, tal como lo ve Martín. En tanto que Loli, más perceptiva, tiene sus misterios y temores. Los mismos están fundados en las historias, sobre crímenes y suicidios irresueltos, que arrastra el pasado encerrado dentro de aquellas paredes. Para Martín ese argumento es, poco menos, cosa de chicos:
Pág 38: “- ¡Nadie podría vivir en esa morgue, Martín!- le grité sollozando.
- Shh. El trabajo en el estudio no rinde –dijo-. Este mes, a gatas, arañamos para el alquiler.”
Se presenta a Felicitas, la anciana tétrica y maloliente dueña de la casona, quien les “cederá la herencia”. La pareja acepta sin saber que, en realidad, lo que están “heredando”, es una maldad que pretende consumirlos hasta acabar con sus vidas...
Se presentan a los personajes secundarios: la madre de Loli y amigos, quienes argumentan la no conveniencia de la mudanza, y por supuesto, se presenta a la mansión en cuestión:
Pág l3: “Presentía que eso era más que una casa. Me daba pánico pensar en las historias que esconderían esas paredes. Me resultaban provocativas. Las observaba como un palacete oscuramente precioso. Sus detalles; molduras, mármoles, terminaciones, hablaban de un pasado glorioso, ahora distante. Lo derruido, lo destrozado y empalizado, acentuaban ese perfil.”
Ya habitando el palacete, Loli es consciente de que algo extraño, algo del más allá, también lo habita… y no la quiere allí. Pero ella, aun presintiendo dicho peligro, intenta auto convencerse de lo contrario para poder soportar su vida:
Pág 54: “Ojalá- pensé -que dentro de un tiempo, esto termine siendo una anécdota graciosa”
El interior de la residencia, es lo opuesto a su aspecto por fuera. Es lujoso y reconfortante. Tal característica provoca en la pareja cierta seducción y encanto por la casona, sin darse cuenta de que, al mismo tiempo, sus vidas van a ir siendo absorbidas… tal como ocurre con sus propios muebles:
Pág 65: “Nuestros muebles, que poco antes me habían parecido tan lindos, perdían ahora toda su gracia al compararlos con la suntuosidad de los muebles de Felicitas. Por eso decidimos ir amontonando nuestras pertenencias en una piecita ciega que daba a la galería del fondo. Los sillones modernos eran sinceramente ordinarios comparados con aquel exquisito lujo.”
Martín y Loli, encantados por el hipnótico hechizo del palacete, sólo logran darse cuenta de la amenaza, cuando ya es demasiado tarde; cuando los espantos crecen en cantidad y magnitud; cuando el "poder" que los manipula se cierne sobre ellos. Sirva como ejemplo el caso del patio:
Pág 69: “El fondo era un gran cañaveral mezclado con las copas de los Paraísos. Pensé que ese patio era un peligro. Me imaginé que allí se esconderían animales. Animales o… gente ¿quién sabía?”
Pág 133: “Las plantas se reproducían. El patio permanecía tan impenetrable, enigmático, inmundo y poblado de gatos como el día de la mudanza.”
Las cada vez más frecuentes peleas entre Martín y Loli, a quien él acusa de haberse vuelto loca; los espantos que a ella la acechan, produciéndole un fuerte sentimiento de no pertenencia a aquella mansión, opuesto al de Martín, quien logra, en cambio, ir sintiéndose a gusto; la noticia del embarazo de Loli; el revelador descubrimiento a cerca de los verdaderos acontecimientos de antaño que se habían producido en la mansión; la materialización física de los espíritus; incluso episodios de infidelidad y perversiones sexuales, conducen al lector, en arremetida, a un poderoso e impactante final, a pura tensión y adrenalina.
Pablo Vigliano









