martes, 26 de noviembre de 2013

Cuento propio: "La ruta fantasma" - trabajado en el Taller de Corte y Corrección de Marcelo di Marco y publicado en revista Axxón. Ilustrado por Juan Manuel Valeros.


Mis dedos repiqueteaban sobre la mesa y mis talones golpeaban el suelo de aquel bar perdido en la ruta. Mojado y embarrado, ansiaba el final de la tormenta para continuar viajando, huyendo.
Las tres de la madrugada y yo todavía varado ahí, sobresaltándome con cada trueno. Pronto me atenderían y pediría una taza de café.

Había comenzado el viaje cuatro horas antes, fumando y nervioso, con cielo titilante de estrellas. Pero ese escenario fue mutando hacia un encapotamiento que observaba extrañado. El cúmulo de nubarrones parecía cargado de algo más, de algo desconocido.
—Se confirma el alerta climático para toda la zona —advertía la voz de un locutor por la radio, y agregaba—: Se recomienda a toda la población, choferes y automovilistas, por favor, mantenerse a resguardo durante las próximas horas.
Los Bee Gees sonaron con “Alone”. Entendía la letra: 
"Yo era un jinete de medianoche 

en una nube de humo…"
Las descargas eléctricas se hicieron cada vez más frecuentes, dándome una magnitud del diluvio que se avecinaba. De hecho, el agua no tardó en caer como auténticas cataratas.
Los Bee Gees seguían cantando:
"…estoy solo
Estoy en una rueda de la fortuna

 con un giro del destino"

El olor a tierra mojada impregnaba el interior de mi Ford Escort modelo 99, que había postergado llevar al taller por un pequeño problema hidráulico. Subí los vidrios y me liberé de cigarrillos. El viento me obligaba a agarrar el volante con mayor firmeza. Veía volar ramas de árboles, amputadas por las ráfagas.
"…estoy atrapado en la lluvia 
y no hay una casa"
Deseaba parar en una estación de servicio. No me cruzaba con ninguna. Detenerme al borde de la ruta no era una opción, y si me iba a la banquina quedaría empantanado.
Desaceleré la marcha. La radio emitía interferencia, en ocasiones, ensordecedora. Me preguntaba si era posible que fuese generada por el meteoro, o si la provocaría algo más.
Pensaba que ya no habría compañía ni música, justo cuando una voz comenzó a hablar en mi mente. Era una proyección de mí mismo, dándome consejos desde el asiento del acompañante.
—Gerardo Linburgame: en esa cabaña hacia donde te dirigís no vas a encontrar la tranquilidad para replantear tu vida, quebrada por el abandono de tu mujer. Esa cabaña apesta a recuerdos de pasión y sexo. ¿Por qué mejor no damos media vuelta?
Cerré mis ojos. Al abrirlos, se mimetizaron con la noche. Pronto habría una tempestad.
Oí otra voz. Desde el asiento del acompañante Gustavo, mi primo, me hablaba:
—Imagino que tu gran plan no será ahogar tus problemas en los litros y litros de vodka y tequila que cargás en el baúl, ¿verdad?
Conseguí sintonizar otra emisora, y con ello disipar las voces de mi conciencia. El sujeto hablaba de ovnis. Interesado, y echándole un rápido vistazo a las revistas “Año Cero” que llevaba en el asiento trasero junto a un ejemplar de “El juego de Gerald” de Stephen King, subí el volumen.
—…sus naves espaciales se trasladan escondidas sobre las nubes. Incluso son capaces de formarlas artificialmente…
Un estampido diferente a un trueno me descompensó. Oleadas de agua y barro golpearon el parabrisas.
Por encima de tan cargadas nubes, el cielo se había llenado de luces intermitentes.
—…los avistajes de objetos volantes no identificados por estas zonas están siendo reportados y denunciados por muchos vecinos. Y no estamos locos. Repito: no estamos locos…
Por fin apareció la primera señalización vial en decenas de kilómetros, indicando “Zona de servicios.” Más adelante, otra marcaba una curva pronunciada. No la veía: camino y banquina estaban anegados por el mismo barrial.
Me sentí encandilado y aturdido. Perdí el control de mi vehículo. Hubo sacudidas y estallidos. Desde ese momento, ya no estoy seguro de los acontecimientos.
Logré llegar, corriendo bajo semejante aguacero, al bar-parador.


—…así es la historia, mis amigos —decía el locutor, que había musicalizado con Bee Gees—. Nunca hubo ovnis por estas zonas, eso está descartado. Pero, para los gustosos de historias paranormales, cuentan que todavía puede oírse el impacto de aquel Escort contra uno de los árboles de la banquina en “La Curva de la Muerte”. Incluso hay más: en el parador afirman que, si se hace silencio, a eso de las tres de la madrugada, junto al ventanal lateral, se escucha como si alguien tamborileara con los dedos sobre la mesa, ansioso, aguardando, quién sabe, por una taza de café.



Pablo Vigliano (1981) nació en San Miguel de Tucumán. Es Licenciado en Comunicación Social (Universidad Nacional de La Plata). Reside en Rosario desde 2006. Asiduo lector, sus géneros favoritos son la ficción, lo fantástico y lo sobrenatural. Sus autores preferidos son Poe; King; Bradbury; Barker; Maupassant; Hill. Participa del Taller de Corte y Corrección de Marcelo di Marco desde fines de 2012.


Ilustración: Juan Manuel Valeros

Una escena para taparse los ojos (publicado en: Fin Diario informativo cultural, proyecto conjunto de elaleph.com y Taller de Corte & Corrección )

—acerca de las gemelas de la película El resplandor


por Pablo Vigliano*

Anunciando el programa #22 Cómo fracasar contando una historia de tips de escritura de Marcelo di Marco, en el canal “Taller de Corte y Corrección” por YouTube, se presenta una fotografía de la película El resplandor, de Stanley Kubrick, donde aparecen las célebres gemelas fantasmas. Las mismas que, como espectadores, nos habrán sugestionado durante varias noches hasta las pesadillas. Si se atreven a mirar, a continuación analizamos la construcción de la imagen en el contexto del film.
¿Por qué nos resulta imposible permanecer indiferentes frente al cine de Stanley Kubrick (Estados Unidos, 1928 – Reino Unido, 1999), y a dicha imagen en particular? Sus obras —entre ellas, Lolita, 1962; La naranja mecánica, 1971; El resplandor, 1980— nos resultan sensacionales, porque nos transmiten variadas emociones: asombro, angustia, temor, intriga.
El resplandor es una novela de 1977, de Stephen King. Trata sobre un matrimonio y su pequeño hijo, quienes se instalan en un lujoso hotel (el Overlook) en las altas montañas de Colorado, en aceptación de una propuesta laboral. Allí, aislados por la nieve durante toda la temporada de invierno, deberán desempeñar tareas de limpieza y mantenimiento. Sólo estarán ellos tres. A lo largo del desarrollo de la historia, al drama sobrevendrá el terror.
En uno de los tips de escritura, Marcelo di Marco nos explica cómo ganar en sensaciones en nuestros textos. Nos recomienda también algunos libros y películas a modo de buenos ejemplos. Y se ve que Kubrick lo tiene muy claro. Se sirve de todos los recursos y herramientas válidos, insertando como valor agregado elementos que apelan a lo psicológico. El aporte le sirve para transmitir un mensaje subliminal, generando un subtexto por debajo de la puesta en pantalla. En el cuadro de imagen de Kubrick, no hay cabos sueltos y nada está librado al azar: todos los elementos que la componen están pensados, diseñados para causar el efecto deseado. Ya desarrollaremos tal construcción audiovisual en la escena de las gemelas.
La trama transcurre como una experiencia de personas normales en una situación límite, desesperante. Jack Torrance es un profesor de Literatura expulsado del colegio donde dictaba clases, por su problema con el alcohol. Es un personaje machista, violento; un escritor que no encuentra el éxito; alguien que carga con muchas angustias, como la de haber sido víctima de maltrato infantil por parte de su padre. A él le ofrecen el trabajo, y acepta. Desempleado y desesperado, piensa, iluso, que podrá aprovecharlo también como una oportunidad ideal para escribir una novela, mientras su familia disfruta de las comodidades del hotel.
El aclamado director se basó en el lado más psicológico del texto para realizar el largometraje. Recortó la complejidad del mismo para centrarla en Torrance, interpretado por un magnífico Jack Nicholson que deslumbra por sus expresiones enloquecidas, simbiosis de carácter y aura esquizofrénica.
Las gemelas espectrales son protagonizadas por Lisa y Louise Burns. El estupor frente a lo imagesque no tendría que estar allí, enloquece, aterra: tal la reacción de Danny, el hijo del escritor (representado por Danny Lloyd). Cargada de un fuerte contenido psicológico, la escena logra aterrarnos. Son gemelas, se dan la mano y sonríen: están “juntas” en sus macabros planes, y se están burlando. Llevan puesto vestidos de otra época y de color celeste, no rosa, provocando el desconcierto de quien las ve. No salen de ningún lado: no hay puertas a la vista y el pasillo es estrecho, claustrofóbico. No hay escapatoria; detrás de ellas hay una puerta, claro está, pero no salen de ahí, están quietas muy adelante. Son una aparición, porque no están jugando (no se ven juguetes): sólo permanecen allí como los espantos que son, delimitando territorio. Su territorio. Están donde no debería haber absolutamente nadie. Representan algo más allá que lo convencional. Sigamos viendo por qué.
Los mensajes subliminales son verdaderas construcciones interdisciplinarias, en este caso, entre la Psicología y la Cromoterapia. La Cromoterapia es el estudio de los colores, y de ahí cómo se puede jugar con la significación social de los mismos. Es decir, se supone que socio-culturalmente una niña debe llevar vestido rosa y no celeste. Además, se utilizan en la escena otras disciplinas como la música tensa, que golpea, sobresalta. La banda sonora estuvo a cargo de Wendy Carlos y Rachel Elkind, que se inspiraron en piezas clásicas de Berlioz, Bartók y Penderecki.
Lo subliminal se puede conceptualizar como estímulos conducentes o métodos persuasivos para provocar una determinada finalidad; en este caso, miedo. Es muy utilizado en campañas publicitarias de cualquier índole. Algunos estudios afines los realizaron Vance Packard (The Hidden Persuaders, 1957) y Wilson Bryan Key (Subliminal Seduction, 1973).
¡Yo hubiera jurado que King había escrito sobre las gemelas! Tenía desvirtuados los recuerdos entre libro y película. Kubrick nos va preparando como espectadores. Nos va introduciendo en ese clima de suspenso cuando el niño recorre el hotel en triciclo: el sonido y los ecos de las ruedas de plástico a lo largo de aquellos pasillos solitarios del hotel, a veces ensordecido cuando atraviesa zonas alfombradas, son herramientas cinematográficas que nos producen tensión. Más pedalea la criatura y nosotros más nos estremecemos en nuestros asientos. Podríamos haber anticipado que vendría un sobresalto, pero la imagen nos impacta como si aquellos espectros se nos aparecieran a nosotros mismos, tal es el enfoque de la cámara. Ya desde el paseo en triciclo, la perspectiva es la del pequeño Danny. Nos pone en su lugar. Y él, cada vez que gira hacia un pasillo distinto y desconocido, nos pone la piel de gallina, porque sabemos que Danny ve cosas, ve espíritus y no queremos toparnos de frente con ninguno.
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Otros elementos presentes en la película que no aparecen en el libro son los datos y las imágenes en torno a que antes del hotel había existido allí un cementerio de aborígenes. Esto nos remite a almas en pena, a lugar encantado. Afuera del hotel no hay un jardín de juegos como en el libro, sino un laberinto, representando la confusión, la pérdida de la cordura. Y justamente es allí, en un laberinto nevado, congelado, donde termina la película, quizá como una metáfora de perderse en la propia locura.

pablo face 2*Pablo Fabián Vigliano es Licenciado en Comunicación Social. Asiduo lector, su género favorito es el fantástico. Entre sus autores preferidos se encuentran Poe, King, Bradbury, Maupassant. Participa del Taller de Corte y Corrección desde el año 2012.
En FIN ya hemos publicado su artículo “Con las llaves desde lo más alto de la Torre”.

Cuentos de La Abadía de Carfax 3

http://laabadiadecarfax.blogspot.com.ar/
Los cuentos de la presente entrega de "La Abadía de Carfax" harán que el lector se enfrente con sus propios fantasmas y demonios. Aquí habitan vampiros, zombis y más fenómenos horrendos. Y también acechan desde cada rincón abominociones sutiles y cotidianas, aquellas que logran invadirnos antes de que nos demos cuenta.

http://laabadiadecarfax.blogspot.com.ar/



viernes, 9 de agosto de 2013

El conjuro

  Si les gustaron las películas: "El maestro de las marionetas" (1989); "El intermediario del diablo" (1980); "El exorcista" (1973); "Poltergeist" (1982); "Terror en Amityville" (1979) no se pierdan de ver "El conjuro" en cines. Y si además creen que objetos antiguos pertenecientes a un pasado tormentoso, de esos que se resguardan entre el polvo y telarañas, rotos en algunos casos, son capaces de transmitir energías negativas y maléficas, vayan a verla acompañados.



La película está presentada como un hecho verídico sucedido en una casona antigua en medio del campo, en Harrisville (Rhode Island) en el año 1971. Allí acuden los famosos parapsicólogos Ed y Lorraine Warren (Patrick Wilson y Vera Farmiga), ante el pedido desesperado de una familia que necesita su intervención.  
El miedo se pega al espectador a la salida del cine: "como si hubiera pisado un chicle" tal como diría el protagonista del film, Ed Warren. Terror psicológico que sugestiona. Homenaje al cine de género de los años ´70 y ´80.  
El largometraje le rinde culto al cine de género de los años ´70 y ´80, década de grandes emblemas del Terror. Cuadros que se caen, objetos que vuelan, ruidos de golpes, olores nauseabundos, presencias diabólicas, poderes extrasensoriales, una nena en apuros, son elementos  que remiten a “Poltergeist” (Tobe Hooper – 1982) Se ponen de manifiesto alusiones sutiles a: “Terror en Amityville” (Stuart Rosenberg-1979) en lo referente al escenario, el entorno donde se desarrollan los acontecimientos.  Hay unas escenas oscuras y ciertamente aterradoras de escaleras, piano y pelota que se aproxima rebotando a la protagonista, en las que "casi puede verse" a aquel fabuloso George Scott, dándole vida a su personaje John Russell en “El intermediario del diablo” (Peter Medak - 1980). Inclusive, en insinuación al mismo film, un sillón hamaca será utilizado por los espíritus para intentar cobrarse una víctima. Un episodio retrotrae al espectador a “El exorcista” (William Friedkin – 1973) y algunas secuencias de una muñeca atroz, sugieren a “El maestro de las marionetas” (Davis Schmoeller – 1989)  
Abundan los espejos como un juego que pretende establecer una doble realidad, la de lo espiritual, lo desconocido, el más allá y el mundo real; cajitas musicales que al abrirse deparan una tenebrosa sorpresa al espectador, a la vez que insinúan películas con bandas sonoras de estas características. Resumiendo, “El conjuro” es puro Terror desde todo punto de vista. Funciona bien, no es mera copia de films precedentes, porque está muy bien realizada y sólo los sugiere. Les rinde homenaje, porque se parece en su modo de narrar la historia y en la ambientación de época.
  El matiz oscuro de la imagen, los sectores de la casa que permanecen en penumbras, el misterio de lo que no se ve, todo contribuye a darle al film un aspecto sombrío y macabro.
Existen también apelaciones a recursos más modernos como el falso documental. El director registra las escenas desde la de sus protagonistas, cuando investigan la casa, por ejemplo. La misma película se presenta como un caso verídico desde el principio, de concreto. Cuando aparece el título, dicho sea de paso: “El conjuro” la tipografía de letra, el color amarillo, permite asociar inmediatamente con “El exorcista”; “La profecía”; “Psicosis”. Desde ese momento, apenas el inicio, el film va a perseverar en homenajear y parecerse, y diferenciarse a la vez de grande obras anteriores.
Las actuaciones son soberbias y ganan en realismo. Se destacan Patrick Wilson y Vera Farmiga en su papel como los Warren, formando una pareja memorable para la historia del género.
Se ponen de manifiesto símbolos significantes que desde la Parapsicología y estudios Holísticos se conceptualizan como transmisores de malas energías, de fuerzas negativas, de fuerzas de bloqueo a la luz, de oscuridad, o la presencia misma de demonios, en el caso de algunos "síntomas" como olores a podrido, olor a azufre, entre los más comunes de detectar, y otros que parecen más de ambientación, de escenografía, de mero relleno, pero que son igual de elocuentes: humedades de las paredes, amohosamiento, resquebrajaduras. La humedad, de concreto, provoca incluso enfermedades respiratorias. Las resquebrajaduras representan angustias, penares. Se destacan objetos del pasado que todavía se conservan entre polvo y telarañas, sin haberse pulido nunca, ni restaurado: relojes, muebles antiguos, alhajas antiguas, cristales deteriorados, objetos rotos, representan las energías, las fuerzas del pasado habitando el lugar, haciéndolo propio. 
 Incluso durante el desarrollo de la película, en distintos momentos, se desarrolla todo un discurso acerca del valor o el peligro de determinados elementos, en especial si fueron poseídos o utilizados en algún tipo de ritual.
Siempre la imagen, todo lo captado en el cuadro, está pensado para provocar algún efecto tenebroso, al menos en el inconsciente del espectador, si no, fijarse nada más en el poster del film, en la sombra ubicada con sutileza debajo de la soga de la horca sujetada la árbol.

miércoles, 31 de julio de 2013

“Canciones argentinas” y “Cien años de música argentina”: La Historia atravesada por diferentes melodías.

Sergio Pujol analiza en sus libros, a partir de composiciones musicales de distintas épocas, aspectos relacionadas a las mismas en cuanto a cómo se hicieron, el contexto en que fueron creadas, y cuestiones Históricas: sociales, culturales, artísticas y políticas de nuestro país.

Sergio Pujol es historiador especializado en música; profesor titular de Historia del Siglo XX en la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata, y de Historia del Jazz en EMU Educación Musical, analiza en sus libros a partir de composiciones musicales de distintas épocas, aspectos relacionadas a las mismas en cuanto a cómo se hicieron, el contexto en que fueron creadas, y cuestiones Históricas: sociales, culturales, artísticas y políticas de nuestro país.
En el prólogo de su libro “Canciones argentinas” cuenta la anécdota de cuando estaba de compras con su cuñado, una tarde, indiferentes los dos, en un supermercado: un lugar impersonal, un sitio de impertenencia, un “no lugar,” a decir del antropólogo francés Marc Augé, donde cada uno estaba aislado del otro hasta que de los parlantes comenzó a sonar “La balsa” por Los Gatos, y ahí ellos dos se miraron sintiendo que “conectaron” algo subjetivo, interno, nostálgico, y notaban que a otras personas les pasaba lo mismo. Así es el poder de la canción. Permite analizar acontecimientos históricos desde diferentes perspectivas: musicales, históricas, sociológicas.
Sus clases de Historia del Siglo XX incluyen canciones. Los equipos de música y parlantes, son elementos de trabajo naturales cuando se para frente a sus alumnos o rodeado de ellos. Seguramente porque es más “tangible” contar la Historia partiendo desde algo que genere algún afecto, subjetividad como la música.
Sergio Pujol en su libro “Canciones argentinas” nos brinda con cada composición que analiza todo un panorama de época. Por citar un ejemplo, nada más, del folclore recoge y desmenuza “Luna tucumana” de Atahualpa Yupanqui: “Yo no le canto a la luna / porque alumbra y nada más / Le canto porque ella sabe / de mi largo caminar”.
 Se trata, tal como lo refiere en su libro, de una Luna “social,” que acompaña e ilumina el camino del hombre de campo a caballo por los cerros. “Es un canto a la Luna que oficia de oráculo, la misma que supo orientar a los indios en tiempos de siembra, de reflujos de mareas” argumenta textualmente.
 Otro ejemplo: en análisis del Tango, que suele abordar temas de amor, desamor, dolor, desencuentros, el autor selecciona  “El último café” de Héctor Stamponi (música)  y Cátulo Castillo (letra): “Del último café / Que tus labios con frío, / Pidieron, esa vez, /Con la voz de un suspiro… / Recuerdo tu desdén. / Te evoco sin razón. / Te escucho sin que estés; / “Lo nuestro terminó” /-dijiste en un adiós / De azúcar y de hiel”.
Aborda canciones modernas hasta de la época de la victrola, pasando por clásicos como “El extraño de pelo largo” (Masllorens – Lezica) con la cual analiza un modo de hacer Rock & roll y la problemática de los años 60 y 70: Qué significaba tener el pelo largo entonces, toda aquella implicancia.  
Su nuevo trabajo “Cien años de música argentina” se presenta, tal como dice textualmente el mismo libro en su contratapa como: “un abordaje detallado sobre los sitios Clásicos” y Populares” con todas sus vastas conexiones, hasta llegar a la pluralidad que hoy convive, demostrando que una vasta porción de la música popular posee rasgos, elementos de la Clásica. Pujol se sirve de la música para explorar la identidad argentina plural, mestiza.


La FM de los 80: entre el rock y los nuevos modos de hacer radio.

Una revisión social y cultural de la época, analizada con comentarios de Lalo Mir, Felipe Pigna, Adrián Korol, Alfredo Rosso, Tom Luppo y Sergio Pujol. Por Federico Manzi y Pablo Vigliano.


A mediados de la década de los 80 queda marcado el surgimiento de nuevos modos de hacer radio en FM. Hay una apuesta al contenido temático y artístico, inédito en la fecuencia, que capta al público joven, dada la irrupción de un lenguaje común en el dial. La democracia traía aires de libertad de expresión y artística en todos los ámbitos.

Los temas musicales venían siendo destinados muchas veces a un público fraccionado. El locutor hablaba con voz intimista, era muy educado y correcto. A comienzos de década, la música era muy de confort, había  mucho jazz, blues. El espacio destinado a las FM, giraba en torno a la apuesta estrictamente musical, en gran parte por la calidad sonora que ofrecía la frecuencia. Si en AM primaba la voz como recurso, como lenguaje de la radio, en FM primaba la música. Luego empezó a sonar más el rock y el pop, que permitía mayor  heterogeneidad de público, y se empleaba un lenguaje más cotidiano.
El programa “Radio Bangkok” se convirtió en una “leyenda” y luego, cuando culminó su ciclo,  en un “mito” Había logrado manejar los mismos códigos que sus oyentes, en una muestra significativa de renovación del proceder radial. Las emisiones eran: alocadas, irreverentes, provocativas, rebeldes, irónicas, desenfadadas. Los integrantes eran Lalo Mir, Boby Flores, Douglas Vinci y Quique Prosen en conducción; Guillermo García y Alberto “Chino” Chinén en operación técnica. 
A decir de Lalo Mir. “Una cosa fue la novedad, otra cosa, no creo que haya pasado por los efectos, eso tiene que ver más con la forma que con el contenido. Era un discurso nuevo, era una nueva manera de hacer radio, no porque la hayamos descubierto nosotros, se emparentaba más con los grandes programas de magazine de la AM incluso antes del proceso como -La gallina verde-o –Rulos y moños-, por ejemplo. Hubo un proceso más desaforado, mucha gente frente al micrófono. Había un panorama más teatral, donde parecía estar escuchándose una mesa de café, más que un programa de radio. Estuvimos en el lugar preciso, en el momento indicado.”
El periodista Alfredo Rosso, grafica lo que acontecía desde mediados hasta finales de aquella década: “Es una época bastante vacía de ideología -no sé lo que quiero, pero lo quiero ya- decía Sumo, y es un poco el sello de los ´80”.
Había un mercado culto al hedonismo” continúa “es la década en que empieza a tener importancia el cuidado del cuerpo, el gimnasio, la dieta, por un lado. Por el otro, paradójicamente, es la época de las drogas pasatistas, es la época de la cocaína: -Hay que sentirse bien a cualquier precio, no puedo permitir deprimirme- pero uno después entra en el círculo vicioso: -me deprimo cuando bajo de cocaína, entonces tomo más cocaína para no deprimirme-”.
La clase media argentina era muy amplia, producto del Estado de Bienestar. A ella pertenecían el médico y el obrero especializado, y los consumos culturales coincidían. Era otra Argentina en términos de su estructura económica, política y social.
Había identidades muy marcadas. En los primeros años de la década había mucho sentido de pertenencia y de lucha por imponer lo que cada uno consideraba ideológicamente correcto y conveniente.
Era muy común que un universitario militara en alguna agrupación. “Se daban coincidencias interesantes” explica el historiador Felipe Pigna “porque por ejemplo, los consumos culturales de un joven de la Juventud Radical se parecían mucho a los gustos de uno de Partido Intransigente o del MAS: había lecturas compartidas, conciertos en los que convivían, revistas, programas de radio que podían escuchar. Eran identidades marcadas en todos los sentidos, en los guetos musicales también: existían los ricoteros, que se cargaban sobre todo de una iconografía combativa y rebelde, cuando en realidad sus letras eran mucho más poéticas y metafóricas, y los sodas que se deleitaban con una música, como dice Gustavo Cerati, más confortable.”
El rock nacional en radio no ocupaba un espacio de difusión muy popular. Había una cultura rock, existían publicaciones y  programas, algunos que quedaron en la historia como “Submarino amarillo”  de Tom Lupo en Radio Rivadavia AM, 630 Khtz, y 103.1 Mhtz. En la banda de FM; “El tren fantasma” con Omar Cerasuolo, en la misma emisora, o “Imagínate: Flecha Juventud” de Alberto Badía con Graciela Mancuso en Radio del Plata, el ciclo 9PM, con la participación de Lalo Mir y Elizabeth Vernaci, en Radio Del Plata FM (1982/1985)

Pero el rock se vuelve masivo después de la guerra de Malvinas, cuando para imprimir un sentido nacionalista al país,  la dictadura obligaba su difusión. Se quitaba Queen, Sting, por ejemplo, todo lo que era en inglés para reemplazarlo por música nacional.
El historiador Sergio Pujol establece una diferencia con la década anterior: “La estética del rock en los ´70 era más seria, más intelectual si se quiere, donde había una negación de la música fácil, del baile, o de lo que pudiera tararearse fácilmente, todo eso era interpretado como una trivialidad. Era considerado un modo de escapismo ante la realidad. El uso de la metáfora primaba en el rock, se podían hacer  interpretaciones, lecturas políticas. Las canciones no eran muy políticas, pero las interpretaciones que podían hacerse habilitaban una interpretación política, por eso eran -letras contenidistas- Cuando aparece Virus, la sociedad y la crítica lo asocian con la frivolidad, con el pasatiempo y no era así. Cuando Virus decía: -no fumo soy moderno-, estaban ridiculizando, parodiando esa cultura a la que Virus pertenecía. No quiere decir que el rock haya perdido lugar o que las letras de Virus hayan sido menos políticas. La coyuntura era diferente. Hubo una diferencia de pensamiento, que fue incomprendida por muchos en un primer momento”.
El discurso había cambiado indudablemente, si Charly García no había sido perseguido ni desaparecido, era por ser pacifista en sus canciones, se apartaba de lo que era la guerrilla, pero ya en los 80 se aggiornaba y demolía hoteles.
Por otra parte tenía gran trascendencia el teatro de vanguardia, que funcionaba por ejemplo en el Parakultural con grupos como Las Gambas al ajillo, que todo lo trasgredían. Eran recurrentes las obras de teatro y realizaciones audiovisuales: largometrajes y cortos con temática de la dictadura militar, en muchos casos. Aparecieron los hermanos Korol con sus grafitis en la vía pública, firmados como “Los Vergara”.
Adrián Korol explica que “la movida cutural en los 80 no estaba ajena al contexto político. Había muchas manifestaciones que no tenían por dónde canalizarse, entonces se hacían lugar en los ambientes de cafés concerts o en pequeños escenarios, en el caso nuestro, en los grafitis, siempre buscando las grietas por donde meterse.  Hoy las grietas ya se han abierto, las nuevas tendencias culturales van a apareciendo con un acceso muchísimo más directo que años atrás.”
Antes de Malvinas (1981) Tom Lupo tenía apenas un micro de diez minutos que se llamaba “El Tom Lupo show” dentro de un programa de cuatro horas, durante el primer lustro de los 80. Era el único espacio que pasaba rock nacional. Cuando la situación se revirtió por Malvinas, la música en castellano se ancló firmemente en radio, Lupo lanzó “El submarino amarillo” donde dio a conocer bandas que en su momento eran nuevas y con el tiempo se transformaron en líderes en la escena nacional. Se emitió en Del Plata, de 22 a 2, en FM y AM simultáneamente. Continuó hasta finales de la década.
El programa tenía su fuerte en invitar artistas y pasar sus canciones. “Vino un grupo muy tímido con un demo en inglés y hoy se llaman -Los Ratones Paranoicos-” cuenta Lupo “Pasamos un demo de un grupo -Los redonditos-, que no tenían disco todavía. El jingle nuestro lo hacía Soda Stéreo, que por favor nos pidieron si podían hacer el jingle del programa“Transmitíamos en Capital pero llegábamos a Purmamarca. Una vez llegó una carta de un oyente que decía: -tengo que practicar el kamasutra con la radio para poder sintonizarlos bien- y decía -¿quiénes son esos que se llaman Los redonditos de ricota?-  así que cuando un grupo es bueno, aún sin imagen, pega ahí donde debe pegar”.


Más información en:


Café virtual con Matías Orta, autor de “Encerrados toda la noche: el cine de John Carpenter”.

Matías Orta escribe sobre cine, hace cine, pero sobre todas las cosas, es un fanático de las películas. Y es el autor de un libro sobre uno de sus ídolos: el director John Carpenter. Aquí, una entrevista exclusiva, en la que habla de Encerrados toda la noche: el cine de John Carpenter y J.C. en general. 

 ¿Qué dirías de John Carpenter si tuvieras que definirlo en pocas palabras?
John Carpenter es un genio todavía a descubrir. Porque es mucho más que un maestro del horror: es un maestro del cine en general y uno de los cineastas vivos más audaces.
¿Qué clase de propuesta o experiencia de lectura ofrece tu libro al lector?
El libro es una mezcla de data y análisis de la filmografía de John Carpenter. Cada capítulo está dedicado a una película distinta. El lector podrá conocer los rasgos estilísticos del director, y referencias a otras películas, cineastas y hechos de la vida real que marcaron su impronta. Además, incluye un imperdible prólogo del director Israel Adrián Caetano (él considera a Carpenter su cineasta favorito) y entrevista que logré hacerle al mismísimo John. Dos lujos que todavía no puedo creer.
¿Cómo elegiste el título?
El título viene de una de las constantes en la obra de Carpenter: el encierro. Los personajes quedan encerrados en algún lugar (puede ser una comisaría, una iglesia, una isla…), a merced de una amenaza que parece imparable. A veces el Mal está afuera, esperando por colarse, pero también puede estar adentro, con los protagonistas. Incluso puede ser cualquiera de ellos, como en El enigma de otro mundo.  Así que el título resulta muy adecuado.
¿Cómo lo trabajaste: cómo fue el proceso; cuándo supiste que lo que hacías podía derivar en un libro?
Siempre fui fanático de Carpenter, desde niño, cuando vi Noche de Brujas. A partir de ahí me empapé de su obra. Siempre fui un enfermo del cine fantástico y Carpenter acrecentó la enfermedad, jaja. Muchos años después, cuando empecé a escribir sobre cine, evité escribir sobre determinados directores. Pensaba que con un dossier no me alcanzaría, que merecían un libro. Uno de ellos era Carpenter. Pero lo dejé como un proyecto a futuro. En 2010, Mariano González Achi se me acercó para proponerme escribir un libro sobre el Maestro, y no pude negarme. Fue una gran experiencia escribirlo y volver a ver aquellas gemas. Y una vez que el libro fue publicado, me dio y me da toneladas de alegrías. Pude presentarlo en festivales como el de Mar del Plata y la gente no deja de comprarlo ni de recomendarlo.
¿Qué tienen en común las películas de Carpenter?
Una serie de obsesiones se repiten en su filmografía. Uno es el tema del encierro, que ya comenté. También está la esencia de los western; todos sus films son western encubiertos, pero camuflados dentro de otros géneros, como la ciencia-ficción. Además, siempre hay una crítica al status quo, principalmente a las Autoridades: la Ley, La Iglesia, los Adultos… Carpenter es un anarquista y siempre está cuestionando a las instituciones. Pero, por sobre todas las cosas, sus películas tienen en común el sentido del entretenimiento y la manera clásica de contar una historia, a la manera de grandes narradores cinematográficos como Howard Hawks, John Ford y Alfred Hitchcock.
¿Cómo deben verse sus películas? ¿A qué hay que prestar atención? ¿Hay algún secreto para disfrutarlas más?
No hay ningún secreto para disfrutar de las películas de Carpenter, sólo las ganas de pasar un momento entretenido. A veces vas a sufrir, a veces vas a reírte, pero nunca te vas a aburrir. Su película menos genial sigue siendo muy valiosa y tiene hallazgos. Y además de todo eso (que no es poco), hay un subtexto que enriquece la narración y te deja pensando, y sin nunca ponerse pretencioso.
¿Cuál dirías que el la mejor, la que uno no puede dejar de ver? ¿Por qué?
En estos casos (y en los casos que me hacen la misma pregunta sobre cualquiera de mis directores favoritos), elijo hacer top 5 de obras maestras, que suelen ir variando, dependiendo del día, porque Carpenter tiene muchas genialidades.  Hoy,  en este momento, elijo las siguientes: Noche de Brujas, Asalto al Precinto 13, Christine, La niebla y Vampiros.

También escribís cuentos y ficciones literarias, ¿es así?
En lo referente a literatura, escribo ficción en mi blog I Love Lucky, con cuentos protagonizados por Lucky, un asesino serial con toda la onda, y pertenezco a La Abadía de Carfax, círculo de escritores de horror y fantasía, grupo formado por Marcelo di Marco, mi mentor.  Publicamos tres antologías y vamos por la cuarta. 





viernes, 26 de julio de 2013

Drácula

Entre el revival cinematográfico en 3D de Dario Argento, y la secuela en el libro de Dacre Stoker, sobrino bisnieto de Bram Stoker. La industria de la sangre en expansión. Una nota para leer con un Kukri machete, en una mano, y una estaca, en la otra…


El universo artístico que el personaje creado por Abraham Stoker inspira y alimenta, se expande ofreciendo obras de diversa índole. Las mismas, se adaptan desde  el best seller y la superproducción de cine hasta el de clase B, relatos breves y fanzines. Sus entramados varían entre lo romántico, pasional, oscuro, violento o, incluso, cómico. Las acciones se desarrollan en distintas épocas, libremente, de acuerdo a la intención de los realizadores.
En los últimos años se destacaron:

 En literatura:
“Drácula: El no muerto” (2006) escrita por Dacre Stoker (legitimidado para haber realizado esta “continuación oficial” por porte de apellido, además de sus cualidades y virtudes) y el historiador y guionista Ian Holt. Transcurre con los mismos célebres personajes, veinticinco años después de los trágicos acontecimientos.
“La historiadora” (2005) de Elizabeth Kostova. Es una novela ganadora de múltiples premios, que fue traducida a más de veintiocho idiomas. Será llevada al cine por Sony Pictures. Aborda la irrupción de una investigadora, en todos los escenarios vinculados al vampiro, tras extraños asesinatos cercanos a ella, temiendo que por detrás de los mitos y leyendas, se esconda una realidad siniestra, aún vigente.
En largos animados: “Hotel Transilvania” (Sony. 2012) donde todos los célebres monstruos sobreviven ocultos, devenidos en bonachones, divertidos y temerosos de los humanos… quienes ahora los quieren y los tienen de ídolos!!!
Lo que viene: En cine: “Harker,” lo nuevo de Eli Roth con la protagonización principal de Russell Crowe.
En tv: la NBC estrenará muy pronto “Drácula”, su nueva serie protagonizada por Jonathan Rhys Meyers, de corte moderno.
Mientras tanto, postergado desde marzo hasta mediados de agosto, según lo confirma la distribuidora CDI Films, aguardo ansioso lo que todavía no termina de desembarcar desde Europa a nuestras salas: “Drácula 3D” de Dario Argento… ¿se habrá infectado con la peste del Demetrio?

“Drácula 3D”

¿Era necesaria una reversión después del magnífico logro de Francis Ford Coppola? Y en todo caso ¿cómo debería haber sido? Sería muy difícil de igualarlo. Seguramente implicaría todo un desafío al que, a priori, un grande del género como Dario Argento podría atreverse. Y se atrevió a dirigir nomás.
Es un Maestro de las películas del género de Terror: “El pájaro de las plumas de cristal”; “Rojo oscuro”; “Inferno”; “Demonios I y II” (como productor y guionista); “Masters of Horror: Jennifer”, “Masters of Horror: Pieles” y en esta ocasión incursiona sobre un clásico.
Es un revival europeo que fue nombrado en Italia de Interés Cultural Nacional. Se estrenó en la 65° edición del Festival de Cine de Cannes, el 19 de mayo de 2012.

El guión corrió por cuenta del propio Argento y del empresario Enrique Cerezo,  actual Presidente del Club Atlético Madrid. Fue él quien también la produjo a través de Enrique Cerezo Producciones Cinematográficas S.A. y Film Export Group.
Los comentarios y críticas están diseminados por la web, porque la película ya fue proyectada en muchos países. Me bastó ver el trailer para comprender ciertas argumentaciones de páginas especializadas, que no puedo terminar de corroborar sin ver el film:
En la polémica: La sangre brota por la pantalla. La imagen limpia y la tecnología en 3D potencian los momentos más estremecedores. Eso es para algunos, porque para otros, en cambio, sucede todo lo contrario: la imagen no debería haber sido tan limpia, sino más bien un tono sucia, difusa con el propósito de que no se noten tantos los FX y algunos  elementos decorativos de la escenografía.
Hay quienes consideran puntos en contra que parezca realizada en los años´70, dado que las imágenes no logran ganar en dinámica. Más bien los planos parecen muy extensos y estáticos, resultando un estilo que contrasta sobremanera, dentro de un contexto de hacer cine con cámaras en movimiento, muchos cambios de planos y agilidad. Para otros, sin embargo esto es cine arte.
No hay mucho más para aportar sin ver la película. Podría decir que hay que aplicar la “teoría” del “Sapere sapore”: Conocer el sabor. Probar de su sangre en una experiencia personal, dejarse llevar por las sensaciones y sacar propias conclusiones.

“Drácula: el no muerto”

Un cuarto de siglo después de la terrible experiencia con el vampiro, todos los célebres personajes involucrados sobreviven cargados de dramatismo. Las secuelas permanecen imborrables, hirientes en ellos: Seward es adicto a la morfina; Holmwood se devino en ermitaño; Harker es alcohólico; Van Helsing es sospechoso de ser un asesino serial y Mina está perturbada por su condición de belleza y juventud inalterables con el paso del tiempo, mientras su marido y todos en su entorno envejecen.

Se introducen nuevos protagonistas que potencian la trama, dotándola de rasgos “novedosos” y reveladores, muy interesantes y bien insertados, que nos permiten saber más acerca de ellos: Jack el Destripador; Quincey Harker, hijo de Jonathan y Mina;  la condesa húngara Erzsébet Báthory, pieza fundamental en este trabajo, famosa por sus prácticas denigrantes y sádicas como las de bañarse con la sangre de sus sirvientas; Basarab, un famoso actor rumano que interpreta al “Conde Drácula” en la pieza teatral de un tal Bram Stoker… ¡sí! Bram Stoker y Drácula también aparecen dentro del plano de lo ficcional.
De hecho en esta trama, justamente cuando el Sr Stoker escribe la historia que debía permanecer secreta, se desencadena la nueva cacería. 
La presencia del mal, irrumpe particularmente sobre los clásicos personajes que habían acabado con el vampiro. Otra vez deberán unirse para enfrentar al monstruo, esta vez más sediento, sádico y atroz.
Los autores aprovechan “espacios en blanco” que había dejado la obra de Bram Stoker, y se sirven de algunas de las conjeturas, hipótesis y teorías, elaboradas durante décadas por historiadores, investigadores, periodistas y demás analistas, en torno a Drácula para justificar esta segunda parte con grandes sorpresas.
Existe aquí, por ejemplo, un tratamiento más claro entre la figura del Conde con Vlad Tepes, aquel Príncipe de Valaquia que luchaba contra el expansionismo otomano, allá por los años 1450 y 1460. Quedó en la historia por su cruento y terrorífico principado, durante el cual empalaba a sus prisioneros externos, y cortaba las manos o ahorcaba a los delincuentes de su propio territorio.

Siempre había sido ambiguo si Bram Stoker se había inspirado o no en tal Príncipe para la creación de su personaje. Si bien muchas pistas indicaban de que sí: por lo sangriento que era, por responder a la Orden del Dragón y demás indicios que se pueden vincular, nunca se encontraron pruebas fehacientes de ello, ni siquiera de que Stoker haya conocido la biografía de Vlad III.
Dacre Stoker y Holt consultaron la colección de notas y manuscritos de Bram. De allí rescataron el que en 1987 había quedado descartado como título original: “El no muerto” y lo aplicaron a su novela, en homenaje al gran creador, en parte, y en parte justificando su continuación, porque veinticinco años después, Drácula sigue siendo “El no muerto.”