jueves, 15 de noviembre de 2012

El valor de la amistad en “Victoria entre las sombras”

Es una historia oscura, tenebrosa y peligrosa, sin dudas, pero que nunca pierde la frescura y espontaneidad de la óptica de un niño. Por eso ante todo, es una novela de aventuras y un gran sentido de la amistad y heroísmo.



El tema de la amistad en la novela de Marcelo di Marco, es un valor que se destaca por el amor, pureza, compañerismo y compromiso de sus personajes, de edades entre la niñez y la pre adolescencia. Incluso hay una transgresión de esos límites, marcada en el protagonista central, y se llega más allá, en una ambiciosa búsqueda  interior, espiritual, de sentimientos y convicciones mucho más profundas, para lograr un potencial superador, tanto psicológico como físico, en pos de superar las serias adversidades que deben confrontar y superar como verdaderos héroes guerreros, convirtiéndose así, en ejemplo y modelo de moral y valor cristiano.
El relato comienza cuando el niño Tomás, harto del maltrato y la hostilidad generada por su madrastra, la Gorda, y de la neutralidad de su padre frente a esto, decide, aún de vacaciones en Mar del Plata, fugarse de casa con su amiga Victoria. A partir de este momento emprenderán una travesía que luego irá tornándose inquietante in crescendo, hasta lo macabro.
La Gorda acostumbra no solo a atentar con desprecio contra Tomás, sino que también lo distribuye a sus amistades:
 “Y me hizo jurar que nunca más vería a la piojosa de Victoria, así la llamó” (pág. 11).
En esa huida de casa, Victoria es secuestrada por los Dark Sea Forces, que representan la antítesis de la amistad. Son una pandilla de violentos y delincuentes adolescentes. Ellos la aprisionan en el siniestro y abandonado Castillo del Terror. La amenazan de muerte para saldar viejas cuentas pendientes, según ellos, pero que Victoria nada tiene que ver. Ante las circunstancias, Tomás y un grupo de amigos,  emprenderán el rescate.
Es en este punto cuando la novela proporciona un giro y la historia que comenzaba siendo un escape de casa, se convierte en una misión de rescate.
“A mí me gusta defender. Y más a mis amigos. Y Victoria es mi mejor amiga.” (pág. 26) decía Tomás cuando buscaba de casa a su amiga, casi como un presagio de todo lo que vendría después.
Quienes acompañan al personaje central son los gemelos Pino y Aga, hasta ese momento, Tomás pensaba de ellos: “con esos no me junto, ni que me inviten a la fábrica de chocolates Wonka” (Pág 37) “… con esas caras cuadradas y en punta como diablos. Cuando le conté de ellos, papá dijo que eran el mal multiplicado por dos” (Pág 38) y se la pasaban haciendo maldades “… todo el Puerto habla de los gemelos” (Pág 38) sin embargo no pasan de ser chicos “tremendos”, indisciplinados, en contraposición con los darkies. El fiel reflejo se ve presentado en su líder, conocida como Palmira: maliciosa, violenta, quien cuenta con una serie de seguidores dedicados más a la delincuencia, que sólo al mal comportamiento.
Los darkies representan la contracara de la amistad. Al decir de un ciruja, vagabundeando en las proximidades del Castillo del Terror  “son muy sucios y traicioneros… A un amigo mío casi lo matan: le prendieron fuego al coche con él adentro.” (Pág 117)
Tomás, en aquel camino hacia la victoria, marchaba decidido cual soldado a cumplir una misión. “Marchábamos adelante entre las sombras. Desde algún lugar bien oculto de El Castillo del Terror, seguían acercándose a nosotros ruidos extraños, entre metálicos y gomosos… Me quedé pensando en lo valientes que habían sido los Pinoaga al aceptar… yo les dije que me iba a quedar hasta el final, siguieron caminando a mi lado sin decir una sola palabra.” (pág. 145)
La amistad es unión, lealtad, compromiso: “Yo de acá no me voy sin Victoria” (pág. 126) proclamaba como un grito de guerra, vitoreado también por los gemelos, tal ejército que se lanza a la batalla
“¡Por Victoria a la victoria! ..
-¡Por Victoria a la victoria!- me contestaron los Pinoaga” (pág. 149) Estaban decididos a adentrarse en el Castillo del Terror, del que se decía estaba maldito con un espíritu maligno dentro, y triunfar.
“Estoy en pie de guerra. Me levanté, besé el Rosario, reacomodé la mochila y me adelanté por entre los pastos” (Pág 109) es la acción de Tomás.
“Al cruzar el umbral del Tren Fantasma pensé que la sangre de ciervo se me habría borrado mal por tanta lluvia. Pero no me importó: ya no necesitaba andar pintando como un indio para darme valentía.” (Pág 128) piensa Tomás, transgrediendo ya las barreras de los conceptos de amistad, para servirse y valerse ya por valores y creencias de la fe cristiana.
Es la profunda amistad y la perseverancia por salir victoriosos, lo que motoriza a rebuscar en el interior de sus personajes, esencialmente Tomás,  todo el valor posible y necesario para enfrentar al mal. Es así que se alude a la esperanza y la fe: “San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla… sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio…” (Pág 127) empezaba a rezar Tomás en el momento crucial, previo a entrar en el Castillo, en voz alta, para contagiar de coraje a sus amigos, y lo lograba, porque ya se sabe desde antes, por ejemplo, que “Pino,  andaba nomás con el Rosario en el pecho” siempre, podía estar desnudo o en shorts, pero siempre con el Rosario.
La aventura continúa desarrollándose ahí dentro, hasta un final heroico donde el enfrentamiento es contra el peor de sus monstruos, literalmente, porque es la representación física de sus peores temores y pesadillas, lo peor que ellos piensan e imaginan. Un final en clara alusión a It de Stephen King.
Al encontrar a Victoria, Tomás dice “Victoria entre las sombras, me dije, y este pensamiento me
La novela es un relato de la victoria de la amistad.
Pablo Vigliano

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