jueves, 18 de julio de 2013

La insoportable levedad del ser de las novelas eróticas

Es el género que atraviesa una época dorada. Entre los relatos eróticos y la “liviana” novela de la siesta.

Muy poco y nada tiene que ver Milan Kundera con su genial estilo narrativo y contenidos, en todo este embrollo. Me permití tomar prestado el título de su trabajo, no para comparar, sino para trazar un pequeño paralelismo entre la aclamada, “pesada” obra del autor checo con la “liviandad” de ficciones eróticas, que “bombardean” las librerías, intentando descubrir las causas de este fenómeno.
Podría decirse que el éxito de las novelas de tv de la tarde, fue transportado finalmente a la literatura con el valor agregado de lo erótico, casi llegando a lo porno. Las librerías están repletas, en sus mesas de mayor exhibición, de títulos como: “Cincuenta sombras de Grey”; “Los noventa días de Genevive”; “Hazme lo que quieras” y demás títulos con tapas insinuantes, similares a las de dvd´s del género.  
Por lo general las tramas que se desarrollan son: hombre rico en pareja con mujer hermosa: esposa o amante, generalmente son amantes, y se embarcan en aventuras. Hay traumas del pasado, a veces familiares, viejos rencores, venganzas y traiciones.
El éxito de estas novelas no sé en qué radica. Sólo puedo arrojar conjeturas: Tal vez sea debido a que causa un efecto lúdico dentro de la pareja; a que se encuentra estimulación allí; a que tal vez es más íntimo leer que ver en la pantalla lo que sucede; o a que para algunas mujeres los contenidos responden a las tramas que les gusta ver generalmente en novelas de tv.
Distando años luz de ser novelas eróticas con contenido significante, al estilo Kundera, la nuevas obras en cuestión, sólo persiguen el fin efectista de divertir, entretener y estimular, y mucho, a su público lector, debido a que también funcionan muy bien como suma de relatos eróticos, sin importar la trama general, el hilo argumental que persigue cada una. Los momentos de pasión, carnales,  en muchos casos, son narrados al detalle, en ocasiones con delicadeza, y otras sirviéndose de un lenguaje directo y concreto.
Sobre el trabajo de Kundera, en cambio, muchas veces se debatió si era un tratado filosófico o psicológico, a partir de que es una novela Nietzscheana; es una permanente búsqueda existencial del propio ser, entre pasiones y desamores, en el contexto de un modelo comunista y el drama de los checos ante la invasión rusa a fines de los años ´60.
Su punto de origen es la idea de Nietzsche del “eterno retorno”:  todo lo vivido queda en el pasado y, como tal, va a repetirse hasta el infinito, causa por la cual describió él a la idea del “eterno retorno,” como la carga más pesada.
“La ausencia absoluta de carga hace que el hombre se vuelva más ligero que el aire, que se aleje de la tierra, su terreno, siendo sus movimientos tan libres como insignificantes” (Desde Pág. 13 Fábula TusQuest Editores. Año 1998)
La cuestión es qué elegir: el peso o la levedad.
Si tuviera que elegir un párrafo representativo de la novela, sería el siguiente:
(Página 38. Fábula TusQuest Editores. Año 1998): “Se acercaba la noche del sábado. Por primera vez él paseaba solo por Zurich y aspiraba el perfume de su libertad. Detrás de cada esquina se escondía la aventura. Su vida de soltero le había sido devuelta
 Hacía ya siete años que vivía atado a Teresa y cada uno de sus pasos era observado por los ojos de ella. Era como si le hubiera atado al tobillo una bola de hierro. Su paso era ahora mucho más ligero. Casi flotaba. Disfrutaba de la dulce levedad del ser
¿Tenía ganas de telefonear a Sabina a Ginebra? ¿De llamar a alguna de las mujeres que había conocido en Zurich en los últimos meses? No, no tenía la menor intención de hacerlo. Intuía que, si se reuniera con alguna mujer, el recuerdo de Teresa se haría al instante insoportablemente doloroso…
… Atendía a un paciente y, en lugar de verlo a él, veía a Teresa. Él mismo se lo reprochaba: ¡No pienses en ella! Precisamente porque estaba enfermo de compasión ¡Tengo que liberarme no de ella sino de mi compasión!

El sábado y el domingo sintió la dulce levedad del ser, que se acercaba a él desde las profundidades del futuro. El lunes cayó sobre él un peso hasta entonces desconocido. Las toneladas de hierro de los tanques rusos no eran nada en comparación con aquel peso. No hay nada más pesado que la compasión. Ni siquiera el propio dolor es tan pesado como el dolor sentido con alguien, por alguien, para alguien.”

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