Es el género que atraviesa una época dorada. Entre los
relatos eróticos y la “liviana” novela de la siesta.
Muy poco y nada tiene que ver Milan Kundera con su
genial estilo narrativo y contenidos, en todo este embrollo. Me permití tomar
prestado el título de su trabajo, no para comparar, sino para trazar un pequeño
paralelismo entre la aclamada, “pesada” obra del autor checo con la “liviandad”
de ficciones eróticas, que “bombardean” las librerías, intentando descubrir las
causas de este fenómeno.
Podría decirse que el éxito de las novelas de tv de
la tarde, fue transportado finalmente a la literatura con el valor agregado de
lo erótico, casi llegando a lo porno. Las librerías están repletas, en sus
mesas de mayor exhibición, de títulos como: “Cincuenta sombras de Grey”; “Los
noventa días de Genevive”; “Hazme lo que quieras” y demás títulos con tapas
insinuantes, similares a las de dvd´s del género.
Por lo general las tramas que se desarrollan son:
hombre rico en pareja con mujer hermosa: esposa o amante, generalmente son
amantes, y se embarcan en aventuras. Hay traumas del pasado, a veces
familiares, viejos rencores, venganzas y traiciones.
El éxito de estas novelas no sé en qué radica. Sólo
puedo arrojar conjeturas: Tal vez sea debido a que causa un efecto lúdico
dentro de la pareja; a que se encuentra estimulación allí; a que tal vez es más
íntimo leer que ver en la pantalla lo que sucede; o a que para algunas mujeres los
contenidos responden a las tramas que les gusta ver generalmente en novelas de
tv.
Distando años luz de ser novelas eróticas con
contenido significante, al estilo Kundera, la nuevas obras en cuestión, sólo
persiguen el fin efectista de divertir, entretener y estimular, y mucho, a su
público lector, debido a que también funcionan muy bien como suma de relatos
eróticos, sin importar la trama general, el hilo argumental que persigue cada
una. Los momentos de pasión, carnales,
en muchos casos, son narrados al detalle, en ocasiones con delicadeza, y
otras sirviéndose de un lenguaje directo y concreto.
Sobre el trabajo de Kundera, en cambio, muchas veces
se debatió si era un tratado filosófico o psicológico, a partir de que es una
novela Nietzscheana; es una permanente búsqueda existencial del propio ser,
entre pasiones y desamores, en el contexto de un modelo comunista y el drama de
los checos ante la invasión rusa a fines de los años ´60.
Su punto de origen es la idea de Nietzsche del “eterno
retorno”: todo lo vivido queda en el
pasado y, como tal, va a repetirse hasta el infinito, causa por la cual
describió él a la idea del “eterno retorno,” como la carga más pesada.
“La ausencia absoluta de carga hace que el hombre se
vuelva más ligero que el aire, que se aleje de la tierra, su terreno, siendo
sus movimientos tan libres como insignificantes” (Desde Pág. 13 Fábula TusQuest
Editores. Año 1998)
La cuestión es qué elegir: el peso o la levedad.
Si tuviera que elegir un párrafo representativo de la
novela, sería el siguiente:
(Página 38. Fábula TusQuest Editores. Año 1998): “Se
acercaba la noche del sábado. Por primera vez él paseaba solo por Zurich y
aspiraba el perfume de su libertad. Detrás de cada esquina se escondía la
aventura. Su vida de soltero le había sido devuelta
Hacía ya
siete años que vivía atado a Teresa y cada uno de sus pasos era observado por
los ojos de ella. Era como si le hubiera atado al tobillo una bola de hierro.
Su paso era ahora mucho más ligero. Casi flotaba. Disfrutaba de la dulce
levedad del ser
¿Tenía ganas de telefonear a Sabina a Ginebra? ¿De
llamar a alguna de las mujeres que había conocido en Zurich en los últimos
meses? No, no tenía la menor intención de hacerlo. Intuía que, si se reuniera
con alguna mujer, el recuerdo de Teresa se haría al instante insoportablemente
doloroso…
… Atendía a un paciente y, en lugar de verlo a él,
veía a Teresa. Él mismo se lo reprochaba: ¡No pienses en ella! Precisamente
porque estaba enfermo de compasión ¡Tengo que liberarme no de ella sino de mi
compasión!
El sábado y el domingo sintió la dulce levedad del
ser, que se acercaba a él desde las profundidades del futuro. El lunes cayó
sobre él un peso hasta entonces desconocido. Las toneladas de hierro de los
tanques rusos no eran nada en comparación con aquel peso. No hay nada más
pesado que la compasión. Ni siquiera el propio dolor es tan pesado como el
dolor sentido con alguien, por alguien, para alguien.”

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