jueves, 18 de julio de 2013

“La cúpula” de Stephen King es también un éxito de tv: entre la sensibilidad y el terror.

El éxito de la serie. La novela. La “humanidad” de la trama.

En algún punto a esta historia se la puede analizar como una metáfora social, como ya ocurrió con aquellos personajes encerrados en un supermercado en “La niebla” donde los monstruos internos de cada uno, llegan a ser malignos y peor amenaza de los que acechan ahí afuera.
“La cúpula” llega a los hogares adaptada en formato de serie de televisión, en un marco en el que las mismas parecerían estar viviendo su época dorada.
En su estreno por la cadena CBS, logró captar más de trece millones de espectadores, convirtiéndose así en uno de sus grandes éxitos históricos. La producción estuvo a cargo de Amblin Television, propiedad de Steven Spielberg, y fue dirigida por Brian Vaughan.
La trama: Un pueblo de Estados Unidos, Chester Mill, es cercado por una cápsula invisible. Nadie puede entrar ni salir. Los aviones y automóviles se estrellan contra los muros, y los misiles de las Fuerzas Armadas, lanzados desde fuera de su campo de cobertura, no la atraviesan ni destruyen. Adentro de la “burbuja,” se vive un clima de caos y desesperación. Afuera, los esfuerzos por mantener el orden resultan inútiles.
En lo particular la novela, ya que todavía no se estrenó en nuestro país la serie, me pareció muy buena por su dramatismo devenido en tragedia,  tal como el autor va abordando la trama, pero que da lugar también a la emoción, la sensibilidad, la fe y esperanza.
King elabora el terror siguiendo los patrones del comportamiento humano en una situación conjunta límite, sin nada ni nadie que les brinde esperanzas concretas. Comienza de una manera vertiginosa y alarmante; se desarrolla tensa, inquietante, tenebrosa y claustrofóbica, y termina vertiginosa, brutal.
Hay pasajes verdaderamente claustrofóbicos, que producen que uno se levante y se asome a la ventana por un poco de aire fresco, o a la heladera por un vaso de agua.
Escrita con un lenguaje claro y llevadero, un estilo pulcro,  inequívoco, propio, se hace, sin embargo un poco extensa en su desarrollo, aportando demasiados datos secundarios y con pasajes irrelevantes.
La novela fue editada en 2009, aunque en palabras del propio autor, fue escrita a mediados de los ´70, y corregida, perfeccionada y reescrita, a través de los años, hasta llegar a su versión definitiva. Tal vez por eso a los amantes del “Primer King” les guste y les resulte una de sus grandes obras.
Si tuviera que seleccionar un fragmento representativo por su estilo y contenido, el mismo sería el siguiente (“Sangre por todas partes” – Parte 8 Desde pág. 898. Plaza y janés):
“¡CUIDADO!
¡Por su propia seguridad!
¡Manténgase a dos metros de la cúpula!

Ollie suponía que en los carteles que miraban en la otra dirección ponían lo mismo…. Lanzó una piedra.
BONK. Silencio.
Había un soldado del ejército allí cerca. Era bastante joven. No llevaba ninguna insignia en las mangas, así que Ollie imaginó que era un soldado raso. Parecía que tenía unos dieciséis años, pero supuso que debía ser mayor. Había oído hablar de chicos que mentían sobre su edad para alistarse…
   Chico ¿Por qué no paras con eso? Me estás volviendo tarumba.
   Pues vete a otra parte— dijo Ollie.
BONK. Silencio.

—No puedo. Órdenes
Ollie no contestó. En lugar de eso, lanzó otra piedra.
—¿Por qué lo haces?— preguntó el soldado. Fingía que arreglaba carteles para poder hablar con Ollie.
—Porque tarde o temprano una no rebotará. Y cuando eso pase, me levantaré, echaré a andar y nunca más volveré a esta granja… Mi padre dice que la hierba está mala porque al aire le pasa algo malo. Aquí adentro no hule bien ¿sabes? Aquí adentro huele a mierda… Mi madre se ha suicidado esta mañana. Se ha pegado un tiro en la mesa de la cocina. La he encontrado yo.
—Joder, eso es una putada.— El tío del ejército se acercó a la Cúpula.
—Cuando murió mi hermano, este domingo, lo llevamos al pueblo porque todavía estaba vivo, un poco, pero mi madre estaba más muerta que muerta, así que la hemos enterrado en la loma. Mi padre y yo. A ella le gustaba ese sitio. Era un sitio bonito antes de que todo se pusiera tan asqueroso.
—¡Dios bendito, chico! ¡Has pasado un infierno!—
—Sigo ahí— dijo Ollie, y, como si esas palabras hubieran accionado alguna válvula en su interior, empezó a llorar. Se levantó y se acercó a la Cúpula. El joven soldado y él, estaban a menos de treinta centímetros, uno frente al otro. El soldado levantó la mano, se estremeció un poco cuando la descarga pasajera lo recorrió y luego lo abandonó. Puso la mano sobre la Cúpula, los dedos extendidos. Ollie levantó la suya. Los dedos parecían tocarse, pero no lo hacían. Era un gesto inútil que al día siguiente sería repetido una y otra vez: cientos, miles de veces…
Ollie por un momento levantó la mirada hacia las vacas que ya no daban leche, que apenas comían hierbas siquiera, y luego se sentó otra vez junto a su mochila. Buscó y encontró una piedra.

BONK. Silencio.”

2 comentarios:

  1. La novela me gustó. Generalmente, me muestro bastante reacio a ver las adaptaciones en la pantalla. No obstante, las buenas críticas que recibió esta serie la vuelven más que interesante. Habrá que verla.

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