miércoles, 31 de julio de 2013

La FM de los 80: entre el rock y los nuevos modos de hacer radio.

Una revisión social y cultural de la época, analizada con comentarios de Lalo Mir, Felipe Pigna, Adrián Korol, Alfredo Rosso, Tom Luppo y Sergio Pujol. Por Federico Manzi y Pablo Vigliano.


A mediados de la década de los 80 queda marcado el surgimiento de nuevos modos de hacer radio en FM. Hay una apuesta al contenido temático y artístico, inédito en la fecuencia, que capta al público joven, dada la irrupción de un lenguaje común en el dial. La democracia traía aires de libertad de expresión y artística en todos los ámbitos.

Los temas musicales venían siendo destinados muchas veces a un público fraccionado. El locutor hablaba con voz intimista, era muy educado y correcto. A comienzos de década, la música era muy de confort, había  mucho jazz, blues. El espacio destinado a las FM, giraba en torno a la apuesta estrictamente musical, en gran parte por la calidad sonora que ofrecía la frecuencia. Si en AM primaba la voz como recurso, como lenguaje de la radio, en FM primaba la música. Luego empezó a sonar más el rock y el pop, que permitía mayor  heterogeneidad de público, y se empleaba un lenguaje más cotidiano.
El programa “Radio Bangkok” se convirtió en una “leyenda” y luego, cuando culminó su ciclo,  en un “mito” Había logrado manejar los mismos códigos que sus oyentes, en una muestra significativa de renovación del proceder radial. Las emisiones eran: alocadas, irreverentes, provocativas, rebeldes, irónicas, desenfadadas. Los integrantes eran Lalo Mir, Boby Flores, Douglas Vinci y Quique Prosen en conducción; Guillermo García y Alberto “Chino” Chinén en operación técnica. 
A decir de Lalo Mir. “Una cosa fue la novedad, otra cosa, no creo que haya pasado por los efectos, eso tiene que ver más con la forma que con el contenido. Era un discurso nuevo, era una nueva manera de hacer radio, no porque la hayamos descubierto nosotros, se emparentaba más con los grandes programas de magazine de la AM incluso antes del proceso como -La gallina verde-o –Rulos y moños-, por ejemplo. Hubo un proceso más desaforado, mucha gente frente al micrófono. Había un panorama más teatral, donde parecía estar escuchándose una mesa de café, más que un programa de radio. Estuvimos en el lugar preciso, en el momento indicado.”
El periodista Alfredo Rosso, grafica lo que acontecía desde mediados hasta finales de aquella década: “Es una época bastante vacía de ideología -no sé lo que quiero, pero lo quiero ya- decía Sumo, y es un poco el sello de los ´80”.
Había un mercado culto al hedonismo” continúa “es la década en que empieza a tener importancia el cuidado del cuerpo, el gimnasio, la dieta, por un lado. Por el otro, paradójicamente, es la época de las drogas pasatistas, es la época de la cocaína: -Hay que sentirse bien a cualquier precio, no puedo permitir deprimirme- pero uno después entra en el círculo vicioso: -me deprimo cuando bajo de cocaína, entonces tomo más cocaína para no deprimirme-”.
La clase media argentina era muy amplia, producto del Estado de Bienestar. A ella pertenecían el médico y el obrero especializado, y los consumos culturales coincidían. Era otra Argentina en términos de su estructura económica, política y social.
Había identidades muy marcadas. En los primeros años de la década había mucho sentido de pertenencia y de lucha por imponer lo que cada uno consideraba ideológicamente correcto y conveniente.
Era muy común que un universitario militara en alguna agrupación. “Se daban coincidencias interesantes” explica el historiador Felipe Pigna “porque por ejemplo, los consumos culturales de un joven de la Juventud Radical se parecían mucho a los gustos de uno de Partido Intransigente o del MAS: había lecturas compartidas, conciertos en los que convivían, revistas, programas de radio que podían escuchar. Eran identidades marcadas en todos los sentidos, en los guetos musicales también: existían los ricoteros, que se cargaban sobre todo de una iconografía combativa y rebelde, cuando en realidad sus letras eran mucho más poéticas y metafóricas, y los sodas que se deleitaban con una música, como dice Gustavo Cerati, más confortable.”
El rock nacional en radio no ocupaba un espacio de difusión muy popular. Había una cultura rock, existían publicaciones y  programas, algunos que quedaron en la historia como “Submarino amarillo”  de Tom Lupo en Radio Rivadavia AM, 630 Khtz, y 103.1 Mhtz. En la banda de FM; “El tren fantasma” con Omar Cerasuolo, en la misma emisora, o “Imagínate: Flecha Juventud” de Alberto Badía con Graciela Mancuso en Radio del Plata, el ciclo 9PM, con la participación de Lalo Mir y Elizabeth Vernaci, en Radio Del Plata FM (1982/1985)

Pero el rock se vuelve masivo después de la guerra de Malvinas, cuando para imprimir un sentido nacionalista al país,  la dictadura obligaba su difusión. Se quitaba Queen, Sting, por ejemplo, todo lo que era en inglés para reemplazarlo por música nacional.
El historiador Sergio Pujol establece una diferencia con la década anterior: “La estética del rock en los ´70 era más seria, más intelectual si se quiere, donde había una negación de la música fácil, del baile, o de lo que pudiera tararearse fácilmente, todo eso era interpretado como una trivialidad. Era considerado un modo de escapismo ante la realidad. El uso de la metáfora primaba en el rock, se podían hacer  interpretaciones, lecturas políticas. Las canciones no eran muy políticas, pero las interpretaciones que podían hacerse habilitaban una interpretación política, por eso eran -letras contenidistas- Cuando aparece Virus, la sociedad y la crítica lo asocian con la frivolidad, con el pasatiempo y no era así. Cuando Virus decía: -no fumo soy moderno-, estaban ridiculizando, parodiando esa cultura a la que Virus pertenecía. No quiere decir que el rock haya perdido lugar o que las letras de Virus hayan sido menos políticas. La coyuntura era diferente. Hubo una diferencia de pensamiento, que fue incomprendida por muchos en un primer momento”.
El discurso había cambiado indudablemente, si Charly García no había sido perseguido ni desaparecido, era por ser pacifista en sus canciones, se apartaba de lo que era la guerrilla, pero ya en los 80 se aggiornaba y demolía hoteles.
Por otra parte tenía gran trascendencia el teatro de vanguardia, que funcionaba por ejemplo en el Parakultural con grupos como Las Gambas al ajillo, que todo lo trasgredían. Eran recurrentes las obras de teatro y realizaciones audiovisuales: largometrajes y cortos con temática de la dictadura militar, en muchos casos. Aparecieron los hermanos Korol con sus grafitis en la vía pública, firmados como “Los Vergara”.
Adrián Korol explica que “la movida cutural en los 80 no estaba ajena al contexto político. Había muchas manifestaciones que no tenían por dónde canalizarse, entonces se hacían lugar en los ambientes de cafés concerts o en pequeños escenarios, en el caso nuestro, en los grafitis, siempre buscando las grietas por donde meterse.  Hoy las grietas ya se han abierto, las nuevas tendencias culturales van a apareciendo con un acceso muchísimo más directo que años atrás.”
Antes de Malvinas (1981) Tom Lupo tenía apenas un micro de diez minutos que se llamaba “El Tom Lupo show” dentro de un programa de cuatro horas, durante el primer lustro de los 80. Era el único espacio que pasaba rock nacional. Cuando la situación se revirtió por Malvinas, la música en castellano se ancló firmemente en radio, Lupo lanzó “El submarino amarillo” donde dio a conocer bandas que en su momento eran nuevas y con el tiempo se transformaron en líderes en la escena nacional. Se emitió en Del Plata, de 22 a 2, en FM y AM simultáneamente. Continuó hasta finales de la década.
El programa tenía su fuerte en invitar artistas y pasar sus canciones. “Vino un grupo muy tímido con un demo en inglés y hoy se llaman -Los Ratones Paranoicos-” cuenta Lupo “Pasamos un demo de un grupo -Los redonditos-, que no tenían disco todavía. El jingle nuestro lo hacía Soda Stéreo, que por favor nos pidieron si podían hacer el jingle del programa“Transmitíamos en Capital pero llegábamos a Purmamarca. Una vez llegó una carta de un oyente que decía: -tengo que practicar el kamasutra con la radio para poder sintonizarlos bien- y decía -¿quiénes son esos que se llaman Los redonditos de ricota?-  así que cuando un grupo es bueno, aún sin imagen, pega ahí donde debe pegar”.


Más información en:


No hay comentarios:

Publicar un comentario