No todo es Terror. Existe también un mensaje de fe y de entrega al prójimo.
William Peter Blatty es graduado de la Universidad Católica de Georgetown, una de las más antiguas de la Orden de la Compañía de Jesús en Norteamérica. Es escritor, guionista y director de cine. Escribió "El exorcista" en 1971, asesorado por sacerdotes jesuitas y tras un prolongado estudio sobre casos de posesiones, demonología y rituales de exorcismo.
Ganó un premio Oscar (1973) en la categoría Mejor Guión Adaptado, y en la misma categoría un Globo de Oro (1974), siempre por la película "El exorcista" (Friedkin, 1973) basada en su novela "El exorcista" (1971).
Podríamos decir que las novelas "El exorcista" (1971); "Legión" (1983) y la película "La novena configuración" (1980) componen el tríptico de "El exorcista", el combo completo. Los citados libros desarrollan un debate muy interesante entre fe y escepticismo. Si existen los demonios, entonces también existen los ángeles y Cristo.
En "El exorcista", el ritual final es terrible. La lucha contra los demonios parece inútil y no tener fin. El experimentado exorcista, padre Lankester Merrin, muere firme en su fe, más por una debilidad cardíaca previa, que por obra del demonio. El padre Damien Karras, un joven sacerdote dela Universidad de
Georgetown, queda solo para salvar el alma de la pequeña Regan. Karras justo
está atravesando una etapa en la que está contrariado en su fe; está abrumado y
sintiéndose culpable por la reciente muerte de su anciana y solitaria madre. El
demonio se siente victorioso y capaz de doblegarlo. Se burla de él, lo engaña y menosprecia. Sin embargo Karras se transforma. Conmovido y ofuscado por la muerte de Merrin, que no pudo haber sido en vano, se redime con su propia fe y continúa con el ritual. Le exige al demonio que libere a
Regan, que la libere aún a costas de tomar su propio cuerpo. Karras le ofrece
su cuerpo al demonio. Lo increpa, lo provoca hasta lograrlo, y una vez
conseguido su objetivo, se arroja por la ventana de la habitación cayendo por unas escaleras de
piedra, para evitar que la legión de almas malvadas produzca daños mayores. El padre Dyer, también miembro de la Universidad jesuita, que se
encontraba en el lugar, le administra los últimos sacramentos y le absuelve sus
pecados.
William Peter Blatty es graduado de la Universidad Católica de Georgetown, una de las más antiguas de la Orden de la Compañía de Jesús en Norteamérica. Es escritor, guionista y director de cine. Escribió "El exorcista" en 1971, asesorado por sacerdotes jesuitas y tras un prolongado estudio sobre casos de posesiones, demonología y rituales de exorcismo. Ganó un premio Oscar (1973) en la categoría Mejor Guión Adaptado, y en la misma categoría un Globo de Oro (1974), siempre por la película "El exorcista" (Friedkin, 1973) basada en su novela "El exorcista" (1971).
Podríamos decir que las novelas "El exorcista" (1971); "Legión" (1983) y la película "La novena configuración" (1980) componen el tríptico de "El exorcista", el combo completo. Los citados libros desarrollan un debate muy interesante entre fe y escepticismo. Si existen los demonios, entonces también existen los ángeles y Cristo.
En "El exorcista", el ritual final es terrible. La lucha contra los demonios parece inútil y no tener fin. El experimentado exorcista, padre Lankester Merrin, muere firme en su fe, más por una debilidad cardíaca previa, que por obra del demonio. El padre Damien Karras, un joven sacerdote de
Las fuerzas con la que se consigue derrotar finalmente al Mal son la redención, la fe, el amor por el prójimo. El
demonio no consigue su propósito. La lucha requirió llegar a aquellos extremos:
el de entregar la vida por el otro.
La continuación es la novela “Legión” (1983). En ella Blatty
propone continuar la discusión sobre los mismos temas, el Bien y el Mal, y lo lleva a
cabo con un gran nivel, pocas veces visto en literatura de ficción.
La novela está ambientada en la misma ciudad, la zona de Georgetown, en Washington,
sobre el río Potomac. Sigue los pasos del detective William Kinderman y el padre Dyer,
a partir de una serie de cruentos asesinatos. Mientras transcurren las
investigaciones, Kinderman dialoga y filosofa con Dyer y los demás personajes
con los que interactúa (médicos, psiquiatras, policías) , sobre la existencia de Dios, el Bien, el Mal, y sobre qué factores empujan a un hombre hacia un lado
o el otro y dónde está Dios en medio de todo eso.
Blatty consigue un realismo semejante al de “El
exorcista”, debido al gran tratamiento de sus personajes. En esta oportunidad
lleva al papel central a personajes que anteriormente eran secundarios. El
detective Kinderman es un hombre apacible y atento, un encanto con su familia y con las personas que necesitan su atención o protección, pero también puede
llegar a ser temperamental, rudo y duro cuando hace su trabajo. Es capaz de emocionarse con películas como “Casablanca”
o “El halcón maltés”, que le gusta ver en un antiguo cine de
clásicos o temática cultural. Él es alguien de bien y
querible.
El padre Dyer es profesor de Religión en la Universidad
de Georgetown, y comparte la misma sensibilidad y pasión por los temas que ocupan
a Kinderman. También es un amante del cine y la literatura. Charlando de
cine durante un almuerzo con Kinderman, los dos están de acuerdo en qué gran
largometraje es “Qué bello es vivir”.
Aquel almuerzo, justamente, no se produce durante un encuentro más entre ellos, sino que está motivado por una fecha muy especial: es un domingo 13 de
marzo y se conmemora un nuevo aniversario de la muerte del padre Karras.
Han pasado doce años. Previamente Dyer había celebrado la misa de la mañana y
caminado hasta el cementerio a colocar unas flores frente a la lápida de Damien
Karras, S.J.
Por su parte, el detective Kinderman, previamente,
durante la madrugada, había estado en la escena de un brutal crimen de un niño
de doce años. Aquel niño es la primer víctima de un asesino serial. El
esclarecimiento de los casos lo introduce otra vez en un mundo sobrenatural,
en el que los sospechosos parecen ser personas muertas o pacientes internos de una
institución psiquiátrica.
En el escenario del crimen del niño, Blatty escribe, a
propósito de un Kinderman escéptico y conmocionado por el brutal tratamiento
recibido por la criatura: “En sus cuarenta y tres años de policía lo había visto
todo. ¿Acaso no lo había visto todo? Y ahora esto. Kinderman estudió el bulto
que estaba debajo de la tela. Pensó: no era el mal que elegimos o infligimos.
El horror era el mal en la tela de la creación. Los cantos de las ballenas eran
insistentes y hermosos, pero el león destripaba el estómago del antílope.
Kinderman hizo una mueca ante el horrible recuerdo de una sala psiquiátrica de
un hospital para niños. En un cuarto había cinco camas con jaulas, cada una con
un niño gritando adentro de ella. Entre ellos había uno de ocho años cuyos
huesos no habían crecido. ¿Podían la gloria y la belleza de la creación
justificar el sufrimiento de un niño como ése? Ivam Karamazov merecía una
respuesta”. (Pág. 18 Edic. Emecé 1983)
En otro fragmento, un diálogo entre Kinderman y Dyer: “El padre Dyer dice:
—La cuestión es que justo en medio de este horror hay una
criatura llamada hombre que puede ver que eso es horrible. Así que, ¿adónde
llegamos con conceptos como “mal”, “cruel” e “injusto”? Usted no puede decir
que una línea está un poco torcida a
menos que sepa lo que es una línea recta. —El detective estaba tratando de desestimar
su argumento, pero el cura prosiguió—. Somos parte del mundo. Si es malo, no
debemos pensar que es malo. Deberíamos pensar que las cosas que llamamos malas
son simplemente naturales. Los peces no se sienten mojados en el agua. Es su
medio, no el de los hombres.
—Sí, leí eso en un libro de G. K. Chesterton, padre. En
efecto, así es como sé que su Señor Grande no es una especie de Jekyll y Hyde.
Pero eso sólo complica el gran misterio, padre, el gran cuento de detectives del
cielo. No se preocupe. El teniente Kinderman se ocupa del caso.
—Esto es verdaderamente insufrible —dijo Dyer.
—Sólo estoy hablando. Cuando Dios le dijo a ese ángel que
mencioné: Toma aquí tienes dos dólares, ve y crea el mundo por mí; es mi
genialidad, mi última nueva idea. El ángel fue y lo hizo, sólo que como no era
perfecto, ahora tenemos el chazerei actual del cual hablo”. (Pág. 52. Edic
Emecé, 1983)
Esta manera de pensar el mundo como si hubiera sido
plasmado sobre un lienzo que ya trae incorporadas las cuestiones del Bien y del
Mal, es apenas el comienzo
de toda la cuestión filosófica o teológica que perseguirá la novela.
Cuestión aparte: a juzgar por si el hecho de que el personaje de William Kinderman lleve el mismo nombre que el autor, William Blatty, se refiera a alguna cuestión autobiográfica, más allá de su pasión por los temas del Bien y el Mal.
Cuestión aparte: a juzgar por si el hecho de que el personaje de William Kinderman lleve el mismo nombre que el autor, William Blatty, se refiera a alguna cuestión autobiográfica, más allá de su pasión por los temas del Bien y el Mal.
La película “La novena configuración” (1980) escrita y dirigida por Blatty, está basada en su novela "Twinkle Twinkle Killer Kane" que no se comercializó en Argentina. En ella Blatty quiso dejar más en claro el mensaje
cristiano final de "El exorcista", sin recurrir a elementos del género de Terror. Ganó el Globo
de Oro en 1981 y el premio Saturn en 1980, galardones entregados por la Academia de Cine de Ciencia Ficción, Fantasía y Terror.
Esta película transcurre en una institución mental, un
castillo inglés alejado de la civilización, sombrío y tenebroso, al que llega
un psiquiatra para hacerse cargo. Básicamente la película es un drama, donde lo
tenebroso es el inquietante escenario y nada más. En una primera parte apela
bastante al humor, Blatty trabajó también el género: "El nuevo caso del inspector Clouseau" (Blake Edwards, 1964, protagonizada por Peter Sellers) ; y "Un yanqui en el harén" (J. Lee Thompson, 1965).
Otra vez el mensaje es la fe y la entrega al prójimo al punto de dar la propia vida.
Los personajes centrales de la película son un astronauta que desistió a último momento de despegar a la luna. Desequilibrado, además con complejos de inferioridades y
pánicos, está internado en aquel castillo del que no sale, y cuando lo hace rumbo a un bar de ruta, es humillado y golpeado por un grupo de bandidos. El psiquiatra acude en su búsqueda y lo libera. El astronauta comienza a transformarse, pero sólo cuando ve que el otro entregó su vida por él se libera de ese mal
mental que lo tenía prisionero, que en este caso era la locura.
El propio Blatty dijo que “La novena configuración” podía
considerarse la verdadera segunda parte de “El exorcista” refiriéndose al
mensaje que transmite, y no tanto por los personajes, ni el lugar de los
acontecimientos.
La película “El exorcista III” (William Peter Blatty, 1990)
primeramente llamada “Legión” como el libro, tuvo que volver a rodarse por
orden de los directivos de Morgan Greek Production, que exigían un exorcismo
final, debido al éxito de la primera, y que perteneciera netamente al género de
Terror. Esto modificó el espíritu inicial del largometraje, tal como pretendía
realizarlo Blatty. La escena del
exorcismo final fue preparada especialmente para la película. En el libro tal ritual
no sucede, el desenlace transcurre de otra manera, sensible y compleja.
La película "La novena configuración" no fue comercializada en Argentina. Es muy difícil de conseguir, pero se puede ver en la siguiente dirección de Youtube:

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