viernes, 9 de agosto de 2013

El conjuro

  Si les gustaron las películas: "El maestro de las marionetas" (1989); "El intermediario del diablo" (1980); "El exorcista" (1973); "Poltergeist" (1982); "Terror en Amityville" (1979) no se pierdan de ver "El conjuro" en cines. Y si además creen que objetos antiguos pertenecientes a un pasado tormentoso, de esos que se resguardan entre el polvo y telarañas, rotos en algunos casos, son capaces de transmitir energías negativas y maléficas, vayan a verla acompañados.



La película está presentada como un hecho verídico sucedido en una casona antigua en medio del campo, en Harrisville (Rhode Island) en el año 1971. Allí acuden los famosos parapsicólogos Ed y Lorraine Warren (Patrick Wilson y Vera Farmiga), ante el pedido desesperado de una familia que necesita su intervención.  
El miedo se pega al espectador a la salida del cine: "como si hubiera pisado un chicle" tal como diría el protagonista del film, Ed Warren. Terror psicológico que sugestiona. Homenaje al cine de género de los años ´70 y ´80.  
El largometraje le rinde culto al cine de género de los años ´70 y ´80, década de grandes emblemas del Terror. Cuadros que se caen, objetos que vuelan, ruidos de golpes, olores nauseabundos, presencias diabólicas, poderes extrasensoriales, una nena en apuros, son elementos  que remiten a “Poltergeist” (Tobe Hooper – 1982) Se ponen de manifiesto alusiones sutiles a: “Terror en Amityville” (Stuart Rosenberg-1979) en lo referente al escenario, el entorno donde se desarrollan los acontecimientos.  Hay unas escenas oscuras y ciertamente aterradoras de escaleras, piano y pelota que se aproxima rebotando a la protagonista, en las que "casi puede verse" a aquel fabuloso George Scott, dándole vida a su personaje John Russell en “El intermediario del diablo” (Peter Medak - 1980). Inclusive, en insinuación al mismo film, un sillón hamaca será utilizado por los espíritus para intentar cobrarse una víctima. Un episodio retrotrae al espectador a “El exorcista” (William Friedkin – 1973) y algunas secuencias de una muñeca atroz, sugieren a “El maestro de las marionetas” (Davis Schmoeller – 1989)  
Abundan los espejos como un juego que pretende establecer una doble realidad, la de lo espiritual, lo desconocido, el más allá y el mundo real; cajitas musicales que al abrirse deparan una tenebrosa sorpresa al espectador, a la vez que insinúan películas con bandas sonoras de estas características. Resumiendo, “El conjuro” es puro Terror desde todo punto de vista. Funciona bien, no es mera copia de films precedentes, porque está muy bien realizada y sólo los sugiere. Les rinde homenaje, porque se parece en su modo de narrar la historia y en la ambientación de época.
  El matiz oscuro de la imagen, los sectores de la casa que permanecen en penumbras, el misterio de lo que no se ve, todo contribuye a darle al film un aspecto sombrío y macabro.
Existen también apelaciones a recursos más modernos como el falso documental. El director registra las escenas desde la de sus protagonistas, cuando investigan la casa, por ejemplo. La misma película se presenta como un caso verídico desde el principio, de concreto. Cuando aparece el título, dicho sea de paso: “El conjuro” la tipografía de letra, el color amarillo, permite asociar inmediatamente con “El exorcista”; “La profecía”; “Psicosis”. Desde ese momento, apenas el inicio, el film va a perseverar en homenajear y parecerse, y diferenciarse a la vez de grande obras anteriores.
Las actuaciones son soberbias y ganan en realismo. Se destacan Patrick Wilson y Vera Farmiga en su papel como los Warren, formando una pareja memorable para la historia del género.
Se ponen de manifiesto símbolos significantes que desde la Parapsicología y estudios Holísticos se conceptualizan como transmisores de malas energías, de fuerzas negativas, de fuerzas de bloqueo a la luz, de oscuridad, o la presencia misma de demonios, en el caso de algunos "síntomas" como olores a podrido, olor a azufre, entre los más comunes de detectar, y otros que parecen más de ambientación, de escenografía, de mero relleno, pero que son igual de elocuentes: humedades de las paredes, amohosamiento, resquebrajaduras. La humedad, de concreto, provoca incluso enfermedades respiratorias. Las resquebrajaduras representan angustias, penares. Se destacan objetos del pasado que todavía se conservan entre polvo y telarañas, sin haberse pulido nunca, ni restaurado: relojes, muebles antiguos, alhajas antiguas, cristales deteriorados, objetos rotos, representan las energías, las fuerzas del pasado habitando el lugar, haciéndolo propio. 
 Incluso durante el desarrollo de la película, en distintos momentos, se desarrolla todo un discurso acerca del valor o el peligro de determinados elementos, en especial si fueron poseídos o utilizados en algún tipo de ritual.
Siempre la imagen, todo lo captado en el cuadro, está pensado para provocar algún efecto tenebroso, al menos en el inconsciente del espectador, si no, fijarse nada más en el poster del film, en la sombra ubicada con sutileza debajo de la soga de la horca sujetada la árbol.

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